viernes, 29 de enero de 2010

Diseñando créditos

A todo buen aficionado al cine le suena el nombre de Saul Bass, un diseñador gráfico que elaboró numerosos títulos de crédito de películas que han pasado a la historia. Tenía un estilo muy personal, fácilmente reconocible y te introducía en la película sin darte cuenta, de ahí que fuese requerido por muchos directores como Otto Preminger para el que hizo El hombre del brazo de oro, Anatomía de un asesinato o Exodo, entre otros, o Hitchcock para el que elaboró los de Vértigo, Con la Muerte en los talones y Psicosis. De hecho, ha sido imitado en bastantes ocasiones, tanto en televisión como en el cine.



Así que, qué ocurre si

STAR WARS

+

SAUL BASS



(copiado vilmente de Mocho)
(hay incluso una edición remasterizada deluxe)


Por supuesto, hay gente con paciencia, ganas y tiempo para realizar una adaptación de títulos de crédito de películas al estilo Bass.






PD: Cuando esto salga espero estar ya en la capital imperial, donde tengo una jornada técnica (o lo que es lo mismo, un curso intensivo de una mañana). Nos leemos esta tarde.

miércoles, 27 de enero de 2010

Pulp

Ayer leí en El Mundo, sí, también le echo un vistazo, que Pixar va a realizar su primera película en imagen real. Vamos, que nada nada de animación, en principio, claro. Y que para ello han elegido una de las sagas más conocidas de Edgar Rice Burroughs: John Carter of Mars. He indagado un poco por los interneces y he visto que ya se sabía hace tiempo y yo, o no me acordaba (algo probable) o estaba en la luna de Valencia, que es lo más probable (una vez más, para qué negarlo). De hecho, la ficha de IMDB coloca el estreno en 2012.

Por lo visto, la pretensión, sobre todo de Disney, actual propietaria de Pixar, es que si funciona hacer una nueva saga con varios libros de Burroughs. La noticia ha saltado nuevamente porque, según parece, ya ha comenzado la producción de la película en Londres aunque aún tardaremos un poco en poder verla en pantalla.

Nunca he sido un ultrafan de Burroughs. Sí, me he leído alguna que otra novela de Tarzán allá por mi adolescencia y en casa tengo los dos primeros libros de otra de las sagas de Burroughs, la de Carson de Venus. Es un tipo de ciencia ficción pulp que tiene su encanto y que te retrotrae a una época en la que todo era más sencillo en el campo de la ciencia ficción y muy típica de la primera mitad del siglo XX: ambientaciones exóticas, civilizaciones avanzadas, villanos malvados hasta la médula, héroes, princesas esperando ser rescatadas... En realidad, si he de elegir alguna siempre me han gustado más las novelas que Howard escribió sobre Conan y la era Hiboria.

¿Será este un nuevo comienzo de adaptaciones cinematográficas de las novelas pulp? Porque aún estoy esperando una versión decente de Flash Gordon, por poner un ejemplo, que la producida por DeLaurentiis tenía su encanto de lo cutre que era. Que para mí sólo se salvaba la música de Queen y Ornella Muti, los demás eran unos sosipavos de cuidados.











Ya queda menos...

martes, 26 de enero de 2010

Big Bang

Lo he vuelto a hacer.




Me he enganchado a una serie.




Pero, de verdad, que esta sí que merece la pena. En realidad la culpa es de Rickisimus quien la recomendó y por curiosidad empecé con ella, y estoy de acuerdo con él: fantástica. Fue ver el primer episodio y reirme y enamorarme con los diálogos y situaciones de The Big Bang Theory.


De hecho me he ventilado la primera temporada en tres días; en mi descargo he de señalar que los episodios sólo duran veinte minutos así que puedes ver uno mientras comes o tres de una tacada y ni te enteras (y encima la primera temporada sólo tiene 17 episodios).

¿Y de que va? Pues de Leonard y Sheldon, dos físicos que comparten piso y trabajan en el mismo centro. Además, son dos frikis de tomo y lomo, coleccionistas de comics, fans de los videojuegos y series como Star Trek y, por supuesto, unos inadaptados sociales que apenas entienden cómo relacionarse con gente fuera de su entorno. Por eso, la llegada de Penny, la nueva vecina, al apartamento de enfrente lo pondrá todo patas arriba pues Leonard se enamora y aspira a integrarse en su mundo mientras Sheldon sigue siendo él mismo.


Al trío protagonista le acompañan otros dos semi-protagonistas. Howard Wolowitz, un ingeniero judío que se cree un casanova con vestuario sesentero pero que no se come una rosca, y Rajesh, un astrofísico hindú con una neurosis que le impide hablar con las mujeres, salvo en un par de situaciones que no voy a desvelar para no destripar la serie. Además, hay toda una galería de secundarios como Leslie Winkle, una física, la madre y hermana de Sheldon, el jefe de Leonard y Sheldon, etc que lo bordan.


Si te gusta la ciencia, esta es tu serie. Si eres un friki, esta es tu serie. Los episodios están plagados de referencias a la física, a los comics, a películas como Superman, series como Star Trek, videojuegos, etc. Y también a las mujeres, claro. Tienen una "noche Halo", ven maratones de películas como las de Superman, tienen otra noche para comer en el restaurante chino... Los diálogos están muy trabajados y los momentos cómicos no se basan en caídas ni golpes sino en situaciones forzadas por las distintas personalidades y los diálogos. Por no hablar de los títulos de los episodios (El paradigma de la Tierra Media, La paradoja del Wan-Tun, El postulado de la hamburguesa o Factor mandarina, son sólo unos ejemplos).




Pero, sobre todo, me encanta Sheldon. Superdotado, soberbio y arrogante, condescendiente con el resto de la humanidad (a los que llama "mentes inferiores"), hipocondríaco (es genial el episodio en que enferma de gripe), próximo ganador de un premio Nobel, con una absoluta falta de empatía social y escaso sentido del humor, pero también incapaz de mentir y de guardar secretos. Siempre saca conclusiones lógicas y científicas de todos los hechos de ahí que no le de ninguna importancia a las emociones, pues no pueden ser medidas. Además suele llevar unas camisetas que son la envidia de cualquier friki (de hecho hay una página que se dedica a recopilarlas).




Y, próximamente...


lunes, 25 de enero de 2010

¿Ya es lunes?

Mis fines de semana se están convirtiendo en algo ¿cómo decirlo? como un episodio de Anatomía de Grey, algo anodino, rutinario, sin chispa. Que vamos, tampoco quiere decir que me aburra soberanamente (ojalá) pero es que se me van los dos días y tengo la sensación de no haber hecho nada interesante.

Y es que ir con dos amigas un sábado por la mañana a comprar los regalos a otra amiga que cumple años esta semana se sale de la rutina, sí, pero no es lo más apasionante del mundo el ir de tiendas. Y encima de chicas porque si fuesen de tíos, al menos podría curiosear, pero en las de chicas es como entrar, desconectar la neurona y empezar a divagar a qué huelen las nubes, uh uh. Porque ya me dirán que interés tengo yo en las tiendas de Freshca, Papaya o Cara. Menos mal que en una de estas fuimos al Mari Mar porque la susodicha había pedido un disco y me sentí como una persona humana, en casa y con cierto control de la situación.

Encima a lo largo de la semana se me había olvidado que había quedado ese sábado por la tarde a jugar con otros colegas al Arkham Horror. Que genial, porque acabamos la partida y ganando pero no sé para qué coño hago un poco de dieta si luego llegan estas tardes y, entre papas fritas, roscas (aka palomitas de maíz), galletitas y/o bollería variada y la posterior cena, se va todo al cuerno. Que así uno no puede mantener el tipo, hombreya. Pienso que es una conspiración judeomasónica de estos colegas para que mi cuerpo serrano se perfeccione para el verano.

El domingo pude recuperarme y descansar. Dormir, ver series, alguna peli, preparar algunas cosas en el estudio para esta semana y poco más, que el día tiene veinticuatro horas y no sé en qué se me van, de verdad. Cuando me doy cuenta son las seis y pico de la tarde, voy a recoger a T., nos tomamos algo mientras hablamos de nuestras cosas y vuelta para casa. Si es que más rutina imposible. Voy a poner a la neurona en funcionamiento a ver si se le ocurre algo para el finde que viene...


viernes, 22 de enero de 2010

Crisis cultural

En este país, y entiéndase ahí lo que se quiera ya sea a nivel nacional, autónomico o insular, la cultura ha sido, es y seguirá, me temo que por mucho tiempo, una maría, una pringada, la primera que en tiempos de crisis sufre con los dineros. Hay que ahorrar en el presupuesto de las instituciones públicas, señalan los políticos, pues empezamos por esas cosillas que nadie utiliza, un poquito de las bibliotecas, otro de los museos, algo más de los archivos, pasamos de fomentar la lectura y no gastamos en exposiciones ni certámenes o concursos culturales, y por supuesto unos tijeretazos en la educación, total para lo que sirve y así tenemos más para lo que realmente importa: nuestros sueldos.

Esta irasosiá (auténticamente ottoniana) viene a cuento de algo que está sucediendo desde hace unas semanas por aquí, y perdonen que me ponga un poco localista. El Museo Canario es una institución científica que se fundó en 1879 y cuya parte museística se centra en los restos arqueológicos dejados por los aborígenes canarios tanto cerámica, útiles, etc., como restos humanos (momias, cráneos ...). Pero además cuenta con una biblioteca importante, no sólo por el volumen sino por su contenido, con libros de los siglos XVI y XVII a la actualidad de y sobre Canarias. A ello se añade la hemeroteca más importante de las islas con ejemplares de casi todos los periódicos editados en las islas desde comienzos del siglo XIX. Y un archivo que, además de fondos privados y personales, cuenta con el archivo del Santo Oficio de Canarias, con documentos desde inicios del siglo XVI hasta bien entrado el XIX y uno de los fondos más usados y más relevantes. Amén de editar revistas sobre historia y arqueología, fomentar prospecciones arqueológicas, etc etc.

Lleva mucho tiempo, demasiado diría yo, arrastrando problemas económicos, se ha convertido en un problema crónico. Hace ya como trece o catorce años echaron a bastante gente pero este año han recurrido a un ERE temporal para despedir durante varios meses a catorce de los dieciocho empleados y cerrar casi todos los servicios excepto el museo. Todo porque las instituciones han reducido su cuantía en las subvenciones, más de lo que ya lo habían hecho el año pasado.

La situación es compleja porque el Museo Canario, a pesar de ser una entidad privada, está considerada como Asociación de Utilidad Pública y presenta sus cuentas al Gobierno de Canarias. Por un lado, es una verguenza que a instituciones como esta, que hacen maravillas con un euro y aprovechan hasta el último céntimo, les racaneen ayudas y subvenciones para que luego te enteres que el Gobierno se ha gastado millones de euros en promociones turísticas que no sirven para nada o despilfarran dinero en crear una policía autonómica. Por otro lado, y se que esto probablemente levantará alguna ampolla, siempre he creído que si no eres viable y no puedes sostenerte económicamente, pues chico, cede tus fondos a la titularidad pública y que ellos lo financien totalmente. Una cosa es que pidas una subvención como complemento a tu presupuesto pero una entidad u organismo que depende en un 75 u 80% de dichas subvenciones para subsistir me parece que no es viable ni tiene futuro porque siempre dependerá del exterior y en cualquier momento se verá con la soga al cuello. Como es el caso. El problema es que los socios nunca querrán ceder los fondos así que esto va para largo y no creo que acabe bien.

Lo único por lo que lo lamento es por la gente que trabaja allí, algunos de los cuales conozco hace mucho tiempo. Gente currante que con pocos medios sacan bastante y mantienen todos los servicios activos. Veremos en qué para todo esto.

Venga, va, algo más relajado para empezar la semana.




jueves, 21 de enero de 2010

miércoles, 20 de enero de 2010

The next generation

Dice el refranero popular que a quien Dios no da hijos el diablo le da sobrinos. En mi caso, ya se ha encargado una de mis hermanas de hacerlo cumplir trayendo dos niñas preciosas a este mundo de vicio y perversión. La genética de mi cuñado ha hecho un poco la puñeta y han sido dos niñas cuando podría haber hecho algo para alegrar mi vejez y tener algún varón hermosote y macizorro. Menos mal que por la parte política de la familia hay un par de ellos que están en la veintena y no están nada mal, visto todo desde la perspectiva de un tío consorte, mal pensados.

Lo malo de tener sobrinas es que siempre estás rodeado de muñecas, accesorios para muñecas, ropa de muñecas y demás. Creo que tienen todas las películas de Barbie, en buena parte culpa mía claro, y les encanta la Hannah Petarda esa (gracias al spaghetti volador que la tía acaba este año con el personaje), Patito Feo y todas esas cosas típicas de niñas de siete y cuatro años. Va a costar llevarlas por el buen camino, del frikismo se entiende. Voy a tener que empezar pronto porque si no me temo que no tendrán remedio.




Bueno, aún hay esperanzas. El día de Reyes me encuentro con que a la pequeña le habían traído un barco de piratas. Asombrado, le pregunté a mi hermana a qué venía eso y esta me suelta: "Me dijo que quería uno y cuando vio la caja enorme esta mañana no veas cómo se puso". Y es que la genética manda, que mi hermana nunca fue mucho de muñecas (aunque más de una y de dos le cayeron) y prefería callejear conmigo y jugar con los niños. Así que puse con ella botado en el suelo, disparando los cañones y tirando una bola con la catapulta a ver quien llegaba más lejos, hasta que mi hermana, la aguafiestas, vino y soltó eso de "no le des ideas que luego me la veo tirando cosas por todos lados y recogiendo la pelota de quien sabe donde". Para qué están los tíos entonces.


lunes, 18 de enero de 2010

Metro

En plena Revolución Francesa dos hombres salen de Paris en direcciones opuestas: uno hacia Dunkerque, el otro hacia Barcelona. Ambos tienen que cumplir una misión que va a cambiar nuestra forma de contemplar el mundo. Misterioso, ¿verdad? ¿A que parece el extracto del próximo truño libro de Dan Brown? Pues no. La misión que tenían estos hombres consistía en seguir el meridiano que unía ambas ciudades y a partir de mediciones geodésicas y astronómicas establecer la medida exacta del metro, esa unidad que hoy usamos como algo natural pero que no lo fue hasta bien avanzado el siglo XIX, y casi en el XX si nos apuramos (al menos en España).

Esta es la historia del libro que me he estado leyendo las dos últimas semanas: La medida de todas las cosas. La odisea de siete años y el error oculto que transformaron el mundo, de Ken Adler.

Es un libro de historia de la ciencia, en el que se cuenta cómo la Academia de ciencias de Paris decide enviar una expedición para medir la distancia entre el Polo y el Ecuador, cuya diezmillonésima parte se convertiría en la nueva medida: el metro, buscando así una nueva que sustituiría a todo el conglomerado que pervivía del Antiguo Régimen y que, además, sería una muestra de la nueva igualdad de los hombres exportándose al resto del mundo (de ahí el título del libro) tras ser aprobado por el primer Congreso científico de la historia. Para ello encarga el trabajo a dos astrónomos y físicos, Delambre y Mechain, que trabajarán durante siete años para conseguir los datos necesarios. Sin embargo, Adler no se mete en contarnos los datos y las vías para obtenerlos (sólo de manera sencilla) sino que se dedica a contarnos la vida cotidiana de las dos expediciones, los avatares que sufren en plena Revolución Francesa y conflictos internacionales así como todos los incidentes que sufren para obtener las medidas geodésicas precisas.

El problema es que el elegido para realizar las mediciones desde Barcelona, Mechain, cometió un error al calcular la latitud de Barcelona, un error que le desquició por completo y casi le vuelve loco, al estar obsesionado con la exactitud de las mediciones, y que se puede decir que le provocó indirectamente la muerte, pues varios años después volvió a España para seguir triangulando la costa levantina e intentar corregir dicho error falleciendo de malaria. En realidad, lo que se trataba es que, según el autor, en esa época no había una teoría practicable del error que hiciese distinción clara entre precisión y exactitud. Y mientras Delambre aceptaba que el mundo y la naturaleza estaba lleno de defectos, Mechain era el típico sabio infalible que no supo aceptar dichas imperfecciones. Pero, al final, el sistema métrico decimal se ha impuesto en casi todo el mundo.

A pesar de que pueda sonar muy científico, el libro se lee casi como una novela. Hay una buena ambientación histórica, explicando por encima la Revolución Francesa y cómo afectaba a la ciencia francesa en aquel momento, así como los sucesos que podían perjudicar a la expedición, como la guerra entre Francia y España o la aparición de Napoleón (y no digo que la parte histórica sea excelente porque he notado un par de fallos, que bueno tampoco son de bulto). Además, se mete en la piel de los protagonistas y casi se puede notar la desesperación de Mechain por tratar de ocultar sus datos y postergar su deshonra por haber fallado. Y la lectura es bastante amena porque la parte más científica (aquella en la que explica qué es la geodesia o cómo funcionaban los círculos repetidores de Borda con los que hacían las mediciones) son breves y bastante asequibles para cualquiera. Si hasta yo lo he podido entender, jejeje. Vamos, que es una lectura altamente recomendable y apasionante.


domingo, 17 de enero de 2010

Cartas turcas (y IV)

Parece mentira que me haya pegado dos meses para terminar de contar el viaje de Estambul. No tiene perdón de... estoooo... el spaghetti volador. Pues, hala, allá vamos.

El sábado nos fuimos hasta la zona de la muralla de Estambul a ver San Salvador en Chora, una iglesia maravillosa y que conserva las mejores muestras de mosaicos bizantinos en Estambul. Sobre todo porque se realizaron ya en la época final del imperio, a pesar de lo cual no se conservan en su totalidad como podéis ver por las fotos. No es muy grande pero se puede uno pasar un buen rato admirando los dibujos, que están mayormente dedicados a narrar la vida de Cristo, la Virgen y esas historias tan bonitas que salen en la Biblia. Como muchas otras se convirtió en mezquita tras la conquista por los turcos pero se transformó en museo a mediados del siglo XX. Si quieres saber más, aquí.





Como estaba relativamente cerca, como a diez minutos caminando, nos alcanzamos hasta la iglesia de Pammakaristos, otro ejemplo precioso de iglesia bizantina. Al igual que la anterior se convirtió en mezquita y sólo se puede visitar un lateral, donde se conservan restos de mosaicos igualmente maravillosos, porque la mezquita sigue funcionando como tal. Más, aquí.



Todo esto se encuentra en una zona bastante integrista en cuanto a la religión musulmana. Podías ver a las mujeres con burka o totalmente cubiertas de negro salvo la cara, y a los hombres con trajes netamente islámicos, nada occidental. Encima era sábado, con lo que había mucha gente por las calles. Pero, vamos, que ni molestarte ni nada, sólo te sentías un poco fuera de sitio, lo normal.

Por la tarde nos fuimos todo el grupo hasta la parte asiática, cruzamos el estrecho y llegamos a Uskudar con el objetivo de ver el atardecer sobre Estambul. Caminando por la orilla llegamos a una zona con gradas que tenían unas alfombras y cojines en los que podías sentarte cómodamente y tomarte algo mientras veías cómo se ponía el sol. Unas vistas preciosas.



El domingo, aprovechando que los bazares cerraban al igual que algunos sitios, nos quedamos cerca del hotel y visitamos el Museo Arqueológico. La verdad es que el contenido es bastante bueno sin nada que envidiar a la mayoría de los museos europeos, porque los fondos provienen de excavaciones realizadas en el siglo XIX y comienzos del siglo XX cuando los turcos controlaban el Próximo Oriente, por lo que hay ejemplos estupendos de arte antiguo, desde las excavaciones de Troya, los hititas y la zona mesopotámica hasta la época griega, romana y bizantina. Eso sí, el continente, es decir, el edificio deja bastante que desear, un edificio antiguo que necesita una restauración y una mejora del mobiliario en algunas zonas.





Luego, por la tarde, me fui con algunas de las chicas y un colega del grupo al hamam. Qué estupendo, con el calorcito, los vapores, ser usado como un trapo mientras te lavan y te friegan de arriba y abajo, porque los tíos como no hablaban sino turco te lo decían todo con señas o te empujaban hacia aquí o allá. Eso sí, ni maromazos ni tíos estupendos ni nada de nada. A la vuelta descubrí que había un hamam gay por la zona de Taksim (arrrggghhh), que habrá que visitar la próxima vez que vuelva, jejeje.

Y si has llegado hasta aquí y aguantado todo esto te mereces una recompensa. Esta era la vista que teníamos cada mañana desde la recepción, nada mal, eh.




viernes, 15 de enero de 2010

Argumentos (III)

Un joven, príncipe por supuesto, es atacado por un dragón en un bosque y antes de palmarla es salvado in extremis por tres señoras que pasaban por allí (ya, claro, dirá más de un@)(nota: idea para otro grupo de señoras en el caralibro). Ellas se van y aparece un pajarero que se atribuye el mérito, ante lo cual reaparecen las señoras enfadadísimas y le ponen un candado en la boca por mentiroso. Entonces las pobrecillas dicen que vienen de parte de su señora reina que le quiere pedir un favorcillo de nada, y es que resulta que a su hijita del alma la ha secuestrado un desaprensivo y quiere que la rescate a cambio de lo cual se casará con ella. Para mejor proveer le da una flauta mágica (sí, ésta es la pista, jajaja). El joven y el pajarero se van juntos aunque acaban separándose; mientras el primero es interpelado por unos señores muy serios que le advierten sobre la misión que lleva, el segundo se encuentra con la chica, que es acosada por un sirviente del secuestrador. Le echa una mano y cuando parece que van a largarse aparece el secuestrador con el joven príncipe, con flechazo instantáneo entre él y la joven así que todos acaban quedándose (arrf arrf, que embrollo).

Después de un descanso de unos 30 minutos seguimos. Pues resulta que el secuestrador no es tal sino que es el jefe supremo de una orden dedicada al bien mientras que la reina y madre de la joven es mala con sarna. Al príncipe lo someten a tres pruebas con el pajarero para ser admitido en la orden mientras que la joven recibe la visita de su señora madre con la indicación de que se cargue al jefe supremo. Esta no puede hacerlo y se reúne con el principe en la última prueba. Mientras el pajarero recibe la visita de una señora mayor y muy fea que acaba convirtiéndose en su símil femenino. Total, que acaban emparejándose al igual que el príncipe y la joven. ¿Y qué pasa con la reina? Pues que muere, como tiene que ser, que para eso es una ópera con moraleja.

Si has llegado hasta aquí, que sepas que esta es la historia que puedes seguir si algún día vas a ver La flauta mágica, la última ópera de Mozart.


La flauta mágica es todo un clásico dentro de los repertorios de ópera. Es un singspiel, un tipo de ópera alemán donde te encuentras partes habladas con otras cantadas, algo similar a la zarzuela. Pero con ésta se puede decir que llegó a su cima. Se suele apuntar que está llena de referencias masónicas ya que el propio Mozart era masón, al igual que Schikaneder, el empresario que acordó con el compositor hacer la ópera. De hecho, se aprecia no sólo en la historia (la lucha entre la luz y la oscuridad, la ambientación egipcia, los ritos iniciáticos de las pruebas de admisión, etc) sino también en la música. Si quieres saber más, pues ya sabes, aquí y aquí.



La ópera tiene muchos pasajes conocidos, empezando por la obertura.




Entre los pasajes más famosos están las dos arias de la Reina de la Noche. Ésta sólo sale dos veces en toda la ópera (una en cada acto y al final) pero es una robaescenas, cuando sale nadie se queda impasible ante ella. Esta no es la más conocida pero es igual de impactante.




El final del primer acto, en el que se encuentran el príncipe y la joven. Y donde, por fin, conocemos a Sarastro.





La nota cómica de la ópera la pone Papageno, el pajarero, que suele embrollar las situaciones y tiene unas arias divertidas y alegres; en el segundo acto conoce a su pareja y se ponen a planear cuántos hijos van a tener.





Por cierto, de esta ópera se han hecho dos versiones para la pantalla: una en los setenta dirigida por Ingmar Bergman y otra en el 2006 por Kenneth Branagh. Por si os interesa.


Que lo disfruteis. Buen fin de semana.


jueves, 14 de enero de 2010

Revival

Vuelven los ochenta, señores. Como lo oyen. Al menos en el cine, ¿quieren una demostración?

Empecemos por una adaptación televisiva.



Seguimos por un remake.



Y terminamos con la vuelta de un icono ochentero, además de ir acompañado por otro icono de los videoclubs (o deberíamos decir varios). No me digan que el look de The expendables no es lo más eighties que se puede echar uno a los ojos.




Lo dicho, entre la falta de ideas y los eternos retornos...


miércoles, 13 de enero de 2010

En serie

Aprovechando las "vacaciones" navideñas, que ya son sólo un pequeño recuerdo en el pasado, me dediqué a una de las cosas que más me gusta: sillón, edredón, comida, los mandos de la tele y el disco duro. Que tardes más estupendas me he pasado viendo algunas de mis series que tenía almacenadas y no les había prestado la suficiente atención.

En la parte buena, tengo que decir que en un plis plas me cepillé la cuarta temporada de Dexter. Después del pequeño bajón que supuso la tercera, solo puedo decir que esta es impresionante. Me gusta la doble y hasta triple vida que lleva Dexter Morgan, lidiando con la vida familiar y cómo ser un buen padre mientras no baja la guardia en cubrir las necesidades de su pasajero oscuro. Encima aparece John Lithgow dando vida a Trinity, un serial killer (y no desvelo nada, que ya se sabe desde el primer episodio), y que cuando interpreta a un villano lo sabe hacer como nadie. Y que le va a enseñar a Dexter unas cuantas lecciones, tanto buenas como malas.

También me acabé la quinta de The closer, de la que habían dejado por emitir unos poquitos episodios. Así que habrá que esperar a la siguiente temporada.

En la parte no tan buena, he seguido con Flashforward por inercia. Ha sido una decepción, tanto por lo que prometía y lo que podía haber dado y en lo que se ha quedado. Tediosa, sin ritmo, con unas interpretaciones que convierten Stallone, Schwarzenegger o Van Damme (por no citar a Roger Moore) en los sucesores de Sarah Bernardt y una historia que no termina de enganchar o arrancar, no se qué es peor.

Y V, de la que sólo han emitido cuatro episodios pero que me ha dejado frío frío, con una sensación de indiferencia, que es lo peor que se puede decir de algo, porque si al menos la odias porque no te gusta pues vale pero que te de igual es chungo.

Para acabar voy a centrarme en el descubrimiento: Glee. Me he fundido la primera tanda de la primera temporada, valga la redundancia, en un abrir y cerrar de ojos. Para los que no lo sepan, va de un coro en un instituto americano formado por los perdedores, los parias, aquellos con los que nadie se relaciona ni quiere ser visto. Vaaaale, se desarrolla en un instituto (otro más) y pasa todo lo que pasa en ellos: rollitos entre horas, amoríos, embarazos deseados y no deseados, salidas del armario, superación personal y esos asuntos adolescentes. Pero hay dos cosas que me chiflan. Una es la presencia de Sue Sylvester, la villana de la serie. La entrenadora de las cheerleaders del equipo de fútbol que se cree el ombligo del mundo porque su equipo triunfa y que está decidida a hundir al coro. Es una auténtica bitch, una mala bestia que utiliza todas las artimañas.


La otra cosa que me engancha es la música. Lo siento pero me pueden las series con una buena banda sonora o están muy relacionadas con la música. ¿Alguien se acuerda de Fama? ¿O de una biografía de los ochenta de Wagner en la que salía Richard Burton justo antes de palmarla? Pues el menda sí. Además, las canciones de Glee están muy relacionadas con la historia. Y si encima te ponen una de Queen ya es que me han ganado, jejeje.






martes, 12 de enero de 2010

En recuperacion

A veces desearía ser un personaje de Futurama y poder ir al Museo Nacional de Cabezas a cambiar la mía por cualquier otra. Ayer fue una de esas ocasiones. Hubiese preferido mil veces ir a trabajar pero la migraña de marras reanudó su ataque el domingo de madrugada y ayer por la mañana lo pasé francamente mal, entre el ojo que parecía que me estaban clavando un destornillador y el estómago que parecía una montaña rusa. Vamos, que me tuve que armar de paciencia e irme a urgencias a que me pincharan algo. Hoy ya estoy mucho mejor pero con resaca migrañosa. A ver cómo acabamos el día.

Así que hoy algo tranquilo...


lunes, 11 de enero de 2010

Reentré

Pues nada. Que se acabó lo bueno. Después de dos semanas de ¿vacaciones? vuelvo al tajo. Vale, solo por no haber venido ya merece la pena y sí que son vacaciones. A ver con qué me encuentro porque esta semana ya tengo una reunión del grupo de trabajo el jueves. Pero, vamos, que hoy me lo pienso tomar con suavidad, si los hados me dejan y no conspiran contra mí.

No como el sábado que fue un día realmente para olvidar al menos por la mañana. Entre que me levanté con preaviso de migraña, tuve que ir al Mercadona a hacer la compra y luego cuando iba a sacar dinero el cajero se reinicia y se queda con mi tarjeta, menos mal que no hizo la operación porque si no me hubiera puesto a patearlo como un vulgar poligonero. Por suerte, por la tarde vinieron los colegas, nos echamos una partidita de rol y cenamos una estupenda comida que nos preparó T.

Así que a disfrutar de la mañana que ya veremos qué nos depara el día.

viernes, 8 de enero de 2010

Avatar

Como siempre llego tarde y todo el mundo la habrá visto pero no me resisto a dejar un comentario. La semana pasada, justo antes del fin de año, fui al cine a ver Avatar, la última película de James Cameron.


A ver, vamos por partes. Digamos que Cameron se autohomenajea. Abundantes dosis de Aliens (vuelven los marines, buenos y malos) + unas gotitas de Titanic (el romance siempre vende) + un puñado de The Abyss (alienígenas y un planeta por conocer) = Avatar. Eso sí, todo pasado por la termomix, aderezado con la más ultimísima tecnología (de la que Cameron es fan confeso) y servido en un nuevo plato de 3D. El guión es más simple que el mecanismo de un chupachups y totalmente predecible, claro que, gracias a eso, no tiene fallos ni agujeros escandalosos. Las interpretaciones, en fin, tampoco son cosa del otro jueves; vale que la mayor parte del metraje es animación por ordenador pero el resto son pasables.


Y, sin embargo, voy a decir que me gustó. Me entretuvo las más de dos horas y media que duró, no se me hizo pesada y eso, tal y como está el panorama hoy en día, ya es un triunfo. Me encantó volver a ver a la Sigourney Weaver (me gusta esta mujer) que ya no se prodiga tanto como antes. Y el Sam Worthington va camino de convertirse en el nuevo chulazo del cine; ya lo había visto en Terminator Salvation donde se comía a un soso Christian Bale y estaba estupendo así que ahora a esperar a verlo en Furia de Titanes y confirmar que está más que merendable.


Lo peor: el guión que es predecible y bastantes escenas que se nota están orientadas a la proyección en 3D.
Lo mejor: toda la imaginería visual de Pandora, los efectos de animación por ordenador. Y el merchandising intentando venderla como la película que va a cambiar el rumbo del cine.

Y a destacar la banda sonora de James Horner que, por una vez, parece que no se autoplagia (al menos no me suena de alguna anterior suya) y que está bastante bien. Excepto la cancioncilla final de los títulos de créditos en plan Titanic, por dios, que peñazo. Así que ahí va un par de cortes.






Rebuscando por Internet leo que ya se ha convertido en la segunda película más taquillera de todos los tiempos, superando a la tercera parte de El señor de los anillos. En fin, parece que tendremos Cameron para rato.

jueves, 7 de enero de 2010

Sorpresa sorpresa

Se acabó. Por fin. Hemos sobrevivido a unas fiestas navideñas, de nuevo. Dos semanas de comilonas y almax (o variantes según las necesidades), de loterías que no tocan, de familia hasta en la sopa, de compulsiones comerciales. Y que mejor manera de rematarlo que yéndote el día de Reyes a cenar con los colegas y llegar tarde a casa. Joder, tengo que haber subido como dos o tres kilos a pesar de las precauciones, así cualquiera mantiene la línea (de flotación, se entiende).

Por fin podré volver a las rutinas. Un poco de gimnasio matutino, trabajar (a partir del lunes que aún estamos de vacaciones), seguir con mis cosillas investigadoras, ver mis series y pelis y reanudar la atención a los mundos de los interneces que estas Navidades han estado abandonitos hasta límites insospechados. A ver si poco a poco...

Este año los Reyes se han portado no bien ni estupendamente, no, sino magníficamente. Pensaba darle una sorpresa a T. y regalarle, estooo, hacer que los Reyes le trajeran un ordenador portátil (que hay niños que pueden leer esto y no es cuestión de traumatizarlos). Pero esta vez el sorprendido fui yo cuando abrí una caja y me encontré con esto.


Hace cosa de cuatro meses estuve pensando en pillar uno pero lo desestimé. Claro que este se queda con todo y cogió recorte de la información y por su cuenta hizo las gestiones. Ahora tendré que reorganizar la mesa del estudio para meter esta barbaridad y ponerme las pilas a aprender un poco. Y yo encantado, oigan.


martes, 5 de enero de 2010

lunes, 4 de enero de 2010

Sol y arena

Nada como empezar el año de manera tranquila y sin agobios. El día 1 quedamos con D., un buen amigo, y nos fuimos a la avenida de las Canteras a comer y tomarnos algo por la tarde, ya que el día estaba bueno. Mucha gente paseando, me comí un heladito y luego a casa a seguir con mis series.

Ayer domingo nos llegamos los tres hasta Maspalomas, donde hacía un día estupendo aunque con algo de aire. Mucha, muchísima gente (la verdad es que estaba un poco sorprendido por tanto guiri en la zona) y, aunque el agua estaba un poco fría, aproveché para darme el primer baño de la temporada.


Y desde el sábado soy un hombre libre, que por fin acabé las compras de Reyes. Así que hoy y mañana a disfrutar de no tener que pasar por tiendas ni centros comerciales ni sitios parecidos. Eso sí, volveré a la rutina del gimnasio y de mis cosicosas...