miércoles, 31 de marzo de 2010

Once

11 días


Para dormir y descansar.


Para los juegos.


Para los vicios.



Para ir a la playa.




Y sobre todo para enchufarme series por vía parenteral.











Y más...

martes, 30 de marzo de 2010

Bufetes, abogados y televisión

Aunque tengo ya mis añitos, sigo siendo joven para haber visto en su momento a Perry Mason defendiendo a los acusados ante un tribunal. Mis primeros coqueteos con las series de abogados se produjeron en los ochenta. A un lado del ring estaba La ley de Los Ángeles (o L.A. como aparecía en los títulos), una serie en la que uno de los protagonistas era el pavisoso del Harry Hamlin (aún no entiendo que le vio la estupenda Ursula Andress para tener un hijo con él) junto con habituales de telefilmes y otras series (como Corbin Bersen, Susan Dey o Jimmy Smits). Al otro lado del ring se hallaba Juzgado de guardia, una serie cómica donde el juez era lo menos serio de la corte. Más que de abogados era una serie del personal en torno a los juzgados, el fiscal, el policía, la abogada defensora...

Más tarde llegarían Ally McBeal (de la que aguanté la primera temporada, el resto es más de lo mismo, menos mal que Billy la palma, que gustazo), El abogado (que la seguí a trompicones cuando tenía el Plus), Ley y orden (de esta vi un poco de los primeros episodios y poco más, que lleva veinte años emitiéndose, como para ponerse al día), Crossing Jordan, The guardian (en la que sale Simon Baker, el mismo de El mentalista) y muchas más.

Todo esto viene porque me he puesto con Boston Legal, una serie, ya finalizada, que cuenta las andanzas de los abogados de la firma Crane, Poole y Schmidt, como repiten en bastantes ocasiones, aunque centrada en el personaje de Alan Shore, el cual ya había participado en El abogado.


Alan Shore (James Spader) es un abogado que hará todo por ganar un juicio pero, al mismo tiempo, es un rebelde, un provocador y no se adapta a las normas estrictas del bufete, lo que le lleva a tener constantes problemas con sus compañeros, en especial las compañeras. Aún así, tiene su corazón y cierta integridad; en cierto episodio en el que le obligan a defender a un policía, porque no quiere, lo convencen con la excusa de que es capaz de ver la oscuridad en los demás a lo que replica que, en realidad, la jefa no estaba dispuesta a hacer el trabajo sucio y él sí.

Su gran valedor, y el otro protagonista, es Denny Crane (William Shatner), un abogado ya de vuelta de todo, al que se le va la cabeza, no se sabe si por el alzheimer, el mal de las vacas locas o por la edad y siempre va diciendo su nombre porque se considera el mejor abogado de todos los tiempos (qué gran paralelismo con el ego de James T. Kirk, jejeje). A pesar de eso, se conoce todos los trucos de la profesión, a todos los jueces y sus debilidades y por ello, además de ser uno de los socios fundadores, es uno de los pilares de la firma. Lo mejor es que nunca sabes por donde va a salir, si lo que ha dicho es en serio o de coña, y siempre con la excusa de que está chocheando.

Junto a ellos aparecen varios habituales de las series. Rene Auberjonois (Odo en Star Trek: Espacio profundo 9), que es una especie de socio administrador del bufete; Mark Valley (novio de la agente Olivia Dunham en Fringe) un socio de la firma; o Julie Bowen (una de las madres de Modern family). Además de muchos secundarios que son carne de series, como la Heather Locklear, que, para variar, hace de viuda negra.

Mediada la primera temporada hay dos incorporaciones estupendas. La primera es Candice Bergen (ex Murphy Brown) que hace de una socia fundadora y a la que llaman desde Nueva York para controlar a Denny Crane, con el cual tuvo un affaire hace mucho tiempo pero que él quiere revivir. Es seria y competente pero me encanta cuando se acerca al oído de William Shatner y le susurra las dos palabras mágicas: "Denny Crane", consiguiendo que tenga casi un orgasmo. La otra incorporación es Betty White, ex chica de oro, que se convierte en la secretaria de Alan Shore y que tiene unas salidas que te dejan patinando.

Lo mejor de la serie son los diálogos,con unas frases ingeniosas y bien hiladas. Los casos no están mal pero me gusta más todo el entramado interno del bufete, las relaciones entre los personajes, los tejemanejes personales, etc. Y, sobre todo, me divierte, me río mucho para ser una serie que no es una comedia y se supone más seria. Ya voy casi acabando la segunda temporada y recuerdo un episodio en el que Denny Crane se lleva a Alan Shore a Canadá a pescar salmones y en el que pasa de todo. Memorable. Una serie totalmente recomendable y que pienso verme hasta el final.

Aquí tienes una muestra de lo que se cuece en Crane, Poole & Schmidt.






lunes, 29 de marzo de 2010

Crónicas finisemanales

Estoy molido. Tal cual. Podría ser un recurso metafórico pero es lo más cercano a la realidad de mi cuerpo serrano.

Hacía tiempo que no tenía un fin de semana tan movido. Después de una sesión de cleaning house matinal que ríete tú de los spinning, body building y demás zarandajas de esas, me relajé por la tarde en una partidita de rol donde gracias a mis habilidades innatas mi personaje casi la palma de manera penosa. Menos mal que ahí estaban las gominolas y m&n para animar a salir del trance. Por la noche nos fuimos a cenar para celebrar el cumpleaños de un amigo y no creo que haga falta decir que nos pusimos como cerdos a dieta y comimos como pajaritos.

A pesar de retirarme temprano, entre el cambio de hora perdiendo una hora de sueño, el tener que levantarme a una hora decente y seguir con el estómago como si una boa constrictor estuviese digeriendo un elefante, el domingo estaba más bien zombi. Así que me puse mis mejores galas, cargue los bultos en el coche y me fui a un asadero familiar. Bueno, más que asadero familiar aquello fue una macroquedada familiar porque allí estuvieron todos mis tíos, mis primos con su progenie y mi familia, con lo que éramos como unos cuarenta.

Y qué calorazo. Y qué poca sombra. Y encima en el campo, sin correr una pizca de aire. Otra vez a ponerse como cerdos comer como pajaritos, ponerte al día en asuntos familiares y comprobar que no eres el único viejuno ni canoso de la familia. Mis sobrinas no pararon un segundo, cogieron a un tío mío y lo molieron, a mis padres los pillaron para jugar a la comba y al final no había quien las tocara de tierra que tenían encima. Lo mejor, una sorpresa familiar que me llevé nada más llegar (nota mental: sentarse y contar algo sobre relaciones familiares). Sólo por eso mereció la pena.

Normal que cuando llegase a mi casa me diese una ducha, tomase una infusión y creo que estaba durmiendo antes de las diez. A ver quien tiene ganas de trabajar hoy...


sábado, 27 de marzo de 2010

Música (II)

Scheherezade es un nombre que evoca exotismo, no en vano es la narradora de Las mil y una noches. El libro toma ese nombre de las noches que Scheherezade estuvo contando cuentos al sultán Shahriar, para evitar que éste la matara. Si quieres saber más, aquí tienes su historia. Y si quieres saber más de Las mil y una noches, pues aquí.

En 1888 el compositor ruso Rimski-Korsakov, inspirándose en ese libro, compuso Scheherazada, una suite sinfónica de cuatro movimientos que se caracteriza por su sensualidad, su exotismo y una capacidad para trasladar al que la escucha al antiguo Oriente gracias a una espectacular y colorida orquestación. De hecho, sus temas han sido ampliamente utilizados como música en el cine, en aquellas películas ambientadas en Bagdad o Egipto, y en cualquier espectáculo que sugiera mercados árabes, noches en el desierto, oasis con palmeras, caravanas, harenes...

Aquí la obra completa.












viernes, 26 de marzo de 2010

Moving

Llevo una semana un poco ajetreada y eso se nota en el blog, lo tengo un poco abandonadito. Ando de mudanza en el trabajo; no, no es que me vaya a ningún lado. Digamos que estoy trasladando un montón de archivadores del depósito que está al lado de mi oficina, en el edificio de la empresa que me quita la vida, a otro depósito que está en otro edificio que se halla como a unos quinientos metros. Y no son veinte o treinta archivadores, no. Me llevo unos novecientos. Y no es algo que se haga en un día, ni ganas. Menos mal que tengo la ayuda de un subalterno que además me hace de chófer; cargamos una tanda en la Express y nos hacemos tres viajes al día. Más no, que él tiene más cosas que hacer y yo también. Algunos compañeros alucinan al verme hacer el trabajo sucio, no lo entiendo pero bueno.

A eso se añade el gimnasio matutino, como si fuera poco. Así que cuando llego a casa sólo tengo ganas de tirarme en el sillón y perrear. Claro que como uno es un poco masoquista pues se va por las tardes a trastear en algún archivo o comprar para llenar la nevera. Ayer ya estaba un poco fundido, y sí que me acoplé en el sillón hasta casi la hora de la cena. Menos mal que la cama no se va a ningún lado y me acoge con cariño.

Lo peor es que preveo que este fin de semana no voy a descansar mucho, entre partidas y macroquedadas familiares (ya contaré). Por eso me pedí unos días después de Semana Santa, supuestamente para descansar pero también para ir un par de días al archivo a mis cosicosas investigadoras (sí, sigo siendo masoquista). Eso sí, en Semana Santa voy a hacerle sangre al sillón porque pienso ponerme al día con las series y películas que no he podido actualizar.

Y ahora un poco de animación. Dos cortos estupendos.




(visto en blogdecine)


Y un poco de música.


miércoles, 24 de marzo de 2010

martes, 23 de marzo de 2010

Jefes

El jefe me ha dicho que últimamente estoy muy distraído.


Que no me centro en lo que me tengo que centrar.


Que no estoy cumpliendo con mis obligaciones.


Que tengo mi trabajo abandonado. Que me largo por ahí todo el tiempo.


Que si esto no cambia va a tener que cambiar de empleado y echarme a la calle.


Así tal cual. Bueno, tal vez no lo dijo exactamente con esas palabras. Pero su mirada lo decía todo.


Ayer tuve que emplearme a fondo. Duramente. Sin descanso.


Joder, qué difícil es este jefe. Tenerle contento es imposible.









lunes, 22 de marzo de 2010

Ballet

El baile y yo tenemos una deuda pendiente. Ustedes ya saben que me encanta la música y es escuchar algo mínimamente animado e írseme los pies por ahí. Claro que con la gracia natural que la genética me ha dado, cuando eso sucede es como si un hipopótamo bailase "El lago de los cisnes" en gravedad cero.



Bueno, corrijo. Visto lo visto, los hipopótamos tienen mucha más gracia que yo. Infinitamente, diría. Y es que entre la coordinación que no es mi fuerte, un escaso oído musical y si a eso añadimos mi sempiterno sentido del ridículo pues, vamos, que nunca me encontrarán bailando encima de una tarima y aún menos siendo el centro de atención.

Esto me lleva al ballet. Nunca he sido un especial fan del ballet; sí, vale, conozco algunos como "El lago de los cisnes", "La bella durmiente", "Giselle", "Coppelia" y, mi favorito, "El Cascanueces", pero poco más. Y, por supuesto, no me hablen del ballet contemporáneo porque me siento igualito igualito que ante el arte del siglo XX, una mezcla entre "me la están metiendo sin vaselina y yo sin enterarme o esto es un timo monumental". Eso o soy un paleto de tres pares de narices. El cascanueces es el único que he visto completo, y encima en dvd, y no se porqué es el que más me gusta. Será la música, será la historia, o yo que sé.






Bueno ¿y a qué viene todo esto? Pues resulta que dentro de un par de semanas vienen ellos a actuar y bailar. Aunque bailar es casi lo de menos.





Y ya tenemos las entradas. Que ganas de verlos.

jueves, 18 de marzo de 2010

A prueba

Hoy comienza la prueba de fuego de mi tratamiento preventivo contra la migraña. Ha llegado ella, mi archienemiga.



Sí, la calima. Y, por supuesto, el calorazo. El señor Willis H. Carrier tiene todas mis bendiciones en estos días.