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lunes, 16 de septiembre de 2013

I got life

Generalmente tenemos asumido que la vida es maravillosa, y es así en la mayoría de los ocasiones. Pero también es una carrera de obstáculos que tienes que sortear constantemente y puede convertirse, y de hecho lo es en más ocasiones de las que nos damos cuenta, en una auténtica hija de perra. Lo que ocurre es que, salvo excepciones, mientras la persona es joven no es realmente consciente de los peligros y de lo puñetera que es la naturaleza, de lo frágiles que somos las personas, de que vivir también conlleva sus riesgos.

Perdonen que parezca un poco, o un mucho, melodramático pero es que llevo más o menos una pequeña temporada pensando en estas cosas a raíz de la situación vivida por dos amigas. Casualmente, o no, tengo dos amigas que no se conocen entre sí y que han pasado por quirófano con apenas dos semanas de diferencia, y no precisamente por nimiedades. En el caso de una de ellas, además, después de superar otra enfermedad hace unos años. Y todo ello hace que me enfade con la vida porque son mujeres de mi edad, vitalistas, siempre con planes y proyectos en marcha y que, en estos momentos, lo están pasando un poco mal aunque se que se van a recuperar. Sí, ya se que es lo que suele ocurrir y que no puedo considerarme un caso especial porque esto es una constante vital, porque hay casos muchísimo peores, pero me fastidia, y bastante. Aunque suene infantil y hasta estúpido, que seguramente habrá alguien que lo piense.

Luego estoy yo la semana pasada y me viene la migraña durante un par de días, con visita doble a urgencias, y te das cuenta que lo tuyo, aún siendo doloroso y jodido, no tiene ni punto de comparación con lo de ellas y lo de mucha gente. Que existen situaciones más chungas y puñeteras, lo cual no es un consuelo pero te ayuda a tener otra perspectiva desde la que tomarte las cosas. Así que he decidido disfrutar de la vida como si cada día fuese el último, aprovechando todos los buenos momentos al máximo, quejándome lo justito para gozar de todo lo bueno que tengo alrededor. Voy a intentar currar todo lo posible para compensarlo luego haciendo todo aquello que me interesa, me gusta o sencillamente quiero hacer, como viajar con mi chico, leer, ir al cine, tener unas vacaciones aceptables, etc etc etc. Porque lo que siempre he tenido claro, y cada día que pasa cada vez más, es que estamos aquí de paso y que hay que aprovechar hasta el último instante que el universo nos da para seguir en pie. Así que salgan al mundo y disfruten de él como si fuese el primer día que lo viesen, ya sea verano, invierno, otoño o primavera. 




miércoles, 23 de enero de 2013

Ave SS

Hace mucho, mucho tiempo en una galaxia no tan lejana, este su seguro servidor llegó a la esplendorosa categoría de ser becario. Y no una, sino dos veces. Vamos, que encima fui reincidente para mayor escarnio público.

La primera fue en plenos años noventa del siglo pasado, que lejos parece todo. Cuando la crisis anterior a esta (sí, hubo un tiempo de bonanza económica y otra crisis anterior a la eterna en que vivimos actualmente), decidí plantearme hacer el doctorado como una vía de estar ocupado una temporada. Pero, cierto día presenté los papeles y me concedieron una beca, por lo que me lancé al embolado con todos los papeles, nunca mejor dicho. Lo peor es que coincidió en el tiempo con la Lewinsky así que cada vez que mencionaba que era becario de la universidad la gente se echaba una sonrisilla que deseabas borrar de una cachetada con la mano abierta mientras te acordabas de toda la familia de la Mónica, del Bill y del sexo oral, que no es sexo sino otra cosa. Ya. 

Fundido en negro. Pasaron unos años, y como no fui un lameculos ni me lo supe montar bien, pues tuve que buscarme la vida en otros lares. Cuatro años después entré de becario en la biblioteca universitaria. Tiempos felices a pesar de la situación laboral: aprendí un montón de cosas de informática, buenos compañeros algunos de los cuales son amigos ahora, muchas risas, mucho trabajo también y me sirvió para coger experiencia en el mundo de las bibliotecas y archivos haciendo cursos a porrillo. Dos años y pico largos hasta que me cansé y me fui, a tiempo diría yo, ya que un par de años después cancelaron las becas. 

Todo esto viene porque el pasado 31 de diciembre finalizaba el plazo que la SS, la nueva Gestapo, concedía a los que habían disfrutado de una beca de formación para realizar un convenio con ella y, a cambio de pagar tú las cotizaciones, te contabilizaba para la jubilación. Ja. Eso si llegamos, en primer lugar, y si todavía habrá pensiones para entonces, en segundo lugar. El trato era fácil: podías presentar hasta dos años de beca, ellos te informaban de cuánto tenías que pagar y podías abonarlo bien de una tacada, juasjuas, o bien en cómodos plazos mensuales que, como máximo, serían el doble del período que quisieses cotizar. La suerte que he tenido, entre comillas, es que presenté las dos becas que tuve y me quedé con la primera, ya que cuanto más antiguo fuese el período menos debía pagar. Y allí, en pleno Averno, rodeado de humo, llamas y seres infernales firmé con mi sangre el contrato que me ata para los próximos cuatro años con la SS pagando cincuenta y un euros al mes. Que largos se me van a hacer...



miércoles, 11 de mayo de 2011

Futuro pasado

Hubo un tiempo no tan lejano en el que existió un país llamado Yugoslavia, que sonará poco a los que tengan menos de veinte o veinticinco años. Durante mucho tiempo, y más atrás, ese país fue gobernado por un presidente llamado Tito, el cual les sonará aún menos que el país. En la década de 1960 y 1970, este señor ordenó que, en aquellos lugares donde habían tenido lugar batallas en la Segunda Guerra Mundial, se construyesen una serie de estructuras para su conmemoración. Obviamente, todo ello en loor y gloria de él mismo y de la república socialista que entonces era Yugoslavia.

Estos lugares se convirtieron en auténticos centros de atracción turística en los años siguientes. Pero tras la desmembración del país y los siguientes conflictos bélicos, estas estructuras fueron abandonadas, adquiriendo con el tiempo un aire entre decadente y solitario reflejo de un carácter un poco megalomaníaco. O un mucho que ya se sabe como era la propaganda por esos lares en aquellos años.




Como pueden ver es una mezcla de arquitectura y escultura, no en vano fueron personalidades de estas disciplinas quienes las idearon. Cuando las vi, algunas de ellas me fascinaron porque me recordaron en seguida a películas de ciencia ficción, como la de La máquina del tiempo con ese aire retrofuturista que va bien para ambientar otros planetas o el nuestro dentro de unos siglos. De hecho, no sé a que esperan para convertirlas en decorados para este tipo de cine, sería fantástico. Algunas son un poco tochos de cemento que tanto gustaban en los años posteriores a la guerra en la zona comunista pero otras son impresionantes. Aquí he puesto las imágenes de las que más me han gustado, aunque ya saben que sobre gustos...






Visto en Vanitatis.


viernes, 11 de marzo de 2011

Nostalgia

Cuando comencé con esto del blog allá por el 2007 (anda que no ha llovido ni nada) había una auténtica efervescencia bloggera por todas partes. Muchos blogs, mucha gente escribiendo, mucha información, que con el paso del tiempo se ha calmado un poco, algo así como el estallido de una supernova que va dando paso a algo nuevo. Tener un blog ahora ya no está tan de moda como entonces. Supone un mayor esfuerzo tener que escribir estas entradas con una cierta periodicidad y la gente ha preferido la inmediatez de la información y de conexión a través de otras medios como pueden ser Facebook o Twitter.

No me arrepiento de tener abierto el blog. Nunca. A través de él he conocido a un montón de gente increíble, me he reencontrado con otra a la que había perdido la pista, he aprendido mucho y me he divertido bastante. Y tampoco quiere decir que lo vaya a cerrar, al menos no a corto plazo (espero tener tecla para rato).

Pero echo de menos los viejos tiempos y a algunos blogeros que han echado el cierre o casi. Echo de menos a Will y sus aventuras en la empresa que le quitaba la vida, a Sota y sus posts antipolíticos y antireligiosos, a Ariel y sus posts dibujados (aunque se mantiene escribiendo), a Mac y sus viajes ultradetallados, etc; y algunos efectos colaterales como las partidas de trivial en el IRC donde ganar era más difícil que ganar la lotería... En fin, supongo que es la nostalgia y pensar que el pasado siempre fue mejor. Aunque no sea del todo cierto porque sigo pasándolo igual de bien cuando escribo y leo los blogs de los demás. Pero ello no quita para que les siga echando de menos. Menos mal que nos queda el Facebook.


martes, 1 de diciembre de 2009

Recordando

Hoy es un día para recordar.

Recordar que a día de hoy siguen muriendo millones de personas y ya no son noticia.

Recordar que aún no hay una vacuna para combatir la enfermedad mientras los gobiernos se han gastado millones de euros en comprar una vacuna para combatir una gripe. Y no sólo en España.

Recordar a los que se han ido por culpa de una enfermedad infame.






jueves, 2 de julio de 2009

Parece que fue ayer

Esta semana se ha producido un cumpleaños, de esos que te dejan con la sensación de que eres un pelín dinosaurio. El walkman ha cumplido treinta años, tres décadas desde que Sony lanzara al mercado el primer modelo.



Una de las cosas que más me ha llamado la atención es que parece increíble que haya pasado todo este tiempo, y uno casi sin enterarse, y que en la actualidad este aparato se haya convertido casi en una pieza de museo. Porque desde que surgieron los reproductores de mp3 y demás familia, ha sido desterrado de nuestra vida cotidiana. Aún recuerdo el primero que tuve, un ladrillazo, no tanto por lo que pesaba como por la forma y que te daba una libertad para escuchar tu música mientras estabas por ahí: en la playa, en la calle o simplemente en tu habitacion. Claro que había pequeños inconvenientes, como que te quedases sin pilas o que la cinta llegase al final de la cara y quisieses volver a escucharla. Menos mal que para eso estaban los lápices o los Bic.


Y a otra cosa. Esta mañana a primera hora me entero que ha fallecido Karl Malden (¿pero no había fallecido ya?) ¡a los noventa y siete años! Dicho así, seguro que a más de uno/a no le suena pero si pongo la foto


seguro que la memoria ha trabajado un poco más. Vaaaaale, nunca fue una superestrella del cine pero era un secundario de lujo, de esos que tan pronto te interpretaban a un villano frío como a una persona de lo más normal. Esa nariz era inconfundible en Hollywood. Un vistazo a imdb te puede dar una idea de todo lo que hizo, tanto en cine como en televisión donde también trabajó, sobre todo en los setenta, con un jovencísimo Michael Douglas.




Y esto no ha servido para quitarme la sensación de viejuno, que recuerdo ver esta serie en televisión, en alguna reposición de finales de los setenta o comienzos de los ochenta. Si es que no somos nadie, tempus fugit ...