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jueves, 18 de junio de 2015

Reentrada

Pues ya estamos aquí. De nuevo metidos en la vorágine de la rutina con mis expedientes, mis cursos, mis series. Todo ello aderezado con un poquito de cansancio postvacacional, otra poca de pereza y desgana y un mucho de tener que ponerte al día con algunas cosas. Así que en vista de la situación he decidido no escribir un post sobre nuestras andanzas londinenses sino más bien un resumen telegráfico, ilustrado con algunas fotos que saqué (nada del otro jueves y muy "postales", por cierto), de lo que dio de si el viaje.

Lo mejor. Ver de nuevo Londres después de muchísimos años con J. Reencontrarte con antiguos lugares y descubrir muchos nuevos. Subir a la cúpula de San Pablo. El tour de Jack the Ripper. Camden Town. El turisteo puro y duro. La visita al Parlamento. Colarte en Westminster Abbey. Ver a Audrey Hepburn en Desayuno con diamantes en el Royal Albert Hall con orquesta en vivo tocando la banda sonora. 

Lo peor. Que Londres sea tan cara y más aún con el cambio libra-euro. Pero era de esperar ¿no? Y nada más porque ¿qué puede ser malo cuando vas con tu chico de viaje y hace tus gustos?



























viernes, 5 de junio de 2015

Back to Londinium

Llevo un par de semanas desaparecido en combate, como Chuck Norris pero sin tanta mala leche. Como siempre pasa, hay épocas más tranquilas y otras en las que se te junta todo, y esta ha sido una de esas. La semana pasada me empezó un curso de tres semanitas de duración, al mismo tiempo que me avisaban de que este mes tendría otro (menos mal que online), de esos que la empresa que tanto te quiere te obliga a hacer y que comenzó el lunes. Vamos, superchupi todo. A ello se ha unido la marcha de un par de compañeras por un concurso de traslado y empezar a llegar peticiones raras de documentos y expedientes de hace años desde la capital imperial. Vamos, una delicia de entretenimiento laboral. 

Para rematar la faena, he estado este par de semanas organizando y viendo material para el regalo de mi chico, una tarea más agradable y llevadera. Mañana nos vamos a la capital del Imperio Británico durante una semanita para que J. la vea y disfrute, así que he estado organizando visitas, recorridos, tours y demás parafernalias. Hace bastante tiempo que estuve, prácticamente vi a la reina Victoria paseando en carruaje, y aún recuerdo muchas cosas pero hay otras que, seguramente, han cambiado por completo. Iremos a tomar el té con la tía Lilibeth, pasaremos a saludar a Harry y Kate con sus retoños y probablemente acabemos recordando al destripador más sanguinario de Londres. Hasta la vuelta entonces.

martes, 4 de noviembre de 2014

Otoño en Central Park

Tener esta joya en plena ciudad es una suerte que los habitantes de Nueva York disfrutan constantemente. Y los que no lo son y la visitan ocasionalmente también. Central Park es una pequeña maravilla artificial creado en el siglo XIX como pulmón de la ciudad y que se ha convertido en un símbolo más de la Gran Manzana. Me da mucha envidia que lo tengan tan a mano, poder pasear y perderte por sus caminos, disfrutar de las pequeñas planicies de hierbas o de las zonas más frondosas, de los paseos en bote, de poder apreciar el cambio de las estaciones. Y otoño en Central Park es una gozada...
















jueves, 6 de marzo de 2014

Crónicas mañas

Después de bastante tiempo sin pisar tierras peninsulares, como año y medio o así, ya era hora de volver a realizar aunque fuese un minitour. Así que aprovechando el puente de carnavales (aquí el Martes de Carnaval es sagrado), J. y yo nos fuimos a Zaragoza. ¿A Zaragoza? dirán algunos con extrañeza, como si no hubiesen ciudades más cercanas o con mejores planes para ver. Pues mira, que quieres que les diga, que existían dos motivos para ir: uno era ir a ver a un buen amigo que recientemente se había aposentado en esa ciudad tras conseguir trabajo para una larga temporada y el otro consistía en ver a mi familia maña. Que sí, que tengo familia en esas tierras ya que un tío mío procede de un pueblecito zaragozano aunque todos ellos vivan en la capital.

Así que allá que nos fuimos. Tras pasar noche en los Mandriles por aquello de llegar a las horas de la Cenicienta, el sábado cogimos el AVE (que todo sea dicho de paso iba hasta los topes, para que luego hablen de crisis) y nos plantamos en esa ciudad llena de luz y color que es Zaragoza, y que nos acogió con lluvia y frío como no podía ser menos. Soltar los bártulos e irnos de tapas a la zona del Tubo fue todo uno, gracias a que este amigo vive en pleno centro, con lo cual todo nos quedaba a tiro de piedra. Después de ponernos a tono, gastronómicamente hablando, por la tarde decidimos dar un paseo por los alrededores empezando, como no por el Pilar, la Seo y acabamos en el Teatro Romano.



El Museo del Teatro Romano está muy bien, es pequeño pero está bien estructurado y bien montado, con dos partes: la interior donde se encuentran los restos que fueron excavando junto con la historia de su redescubrimiento, y la exterior donde puedes ver lo poco que se conserva del mismo, que es fundamentalmente la parte baja, ya que el teatro fue desmantelado para construir las antiguas murallas de la ciudad.

Obviamente, y estando en una ciudad ajena en pleno fin de semana, se imponía salir ese sábado para catar la noche maña. Con este amigo nos acercamos a la zona de ambiente: primero fuimos al Iman, un pub con buena música donde tomarse algo para luego acabar en el Versus, otro pub que se llenó con los restos del cierre de los demás locales. Me divertí catando a la fauna local y como éramos carne fresca los intentos de ligoteo por parte del personal; claro que con mi proverbial ceguera y despiste, me tuvieron que señalar quienes los especímenes lanzados por nosotros. Tampoco fue para tanto porque, sinceramente y salvo un par de excepciones, el personal era un poco brutángano y bastante normalito, al menos lo que vimos por allí. No obstante, nos fuimos a una hora decente porque, al día siguiente, teníamos almuerzo con mi familia y no era plan de llegar ojerosos y resacados. Y ese fue el plan del domingo, comida, sobremesa y casi merienda con la familia, porque a mis primas hacía bastantes años que no las veía.

El lunes aprovechamos para ver y hacer todo lo que no habíamos podido el día anterior. Subimos a una de las torres de la Basílica, aunque no es especialmente recomendable para los que padezcan de vértigo merece la pena por las estupendas vistas de la ciudad y el río.




Visita cultural a La Seo, la antigua catedral que está completamente restaurada y es una visita cuasi obligada; paseo por las calles del centro para acabar en el Palacio de la Aljafería, sede de las actuales Cortes de Aragón. Bastante recomendable aunque a J. no le gustó demasiado por aquello de que no habían conservado demasiado de la época árabe, normal si tenemos en cuenta que durante los últimos doscientos años había sido un cuartel y que el Ejército había hecho y deshecho lo que quiso y más. Aún así, y al igual que la Seo es una parada obligatoria y recomiendo la visita guiada porque te lo explican con detalle y sólo ocupa una horilla.




Ya el martes tocó realizar alguna compra por el centro, preparar los bártulos y almuezo con mi familia nuevamente, para salir disparados rumbo a Madrid. Lo bueno es que tuvimos un par de horas libres así que nos echamos un salto a Chuequilandia a tomarnos un café y pasear unos minutos antes de volver a la periferia de la periferia en el eterno avión.

Y colorín colorado, este viaje se ha acabado.



miércoles, 11 de diciembre de 2013

Recarga de batería

Aunque estaba programado desde hacía tiempo, el viaje a Lanzarote de este largo fin de semana pasado ha servido para finiquitar algunas cosillas que J. tenía que hacer en esa isla. Hace dos semanas estuvimos los dos también en Lanzarote pero en plan curro, sobre todo él ya que yo iba para ayudarle en lo que pudiese que, la verdad sea dicho, era bien poco (al menos desde mi punto de vista). La suerte fue que este puente sirvió para terminar ese trabajillo ocupándonos sólo una mañana por lo que el resto del tiempo fue de esparcimiento y ocio continuado.

Y, por supuesto, para quedar con los colegas para picotear algo por el charco de San Ginés. Irnos a un concierto de Los Salvapantallas, un grupo de versiones de canciones que van desde los setenta hasta la actualidad. Plantarnos en la playa de Matagorda al comienzo de la pista del aeropuerto y disfrutar del aterrizaje de los aviones en la tarde. Incluso aprovechar un par de horas el domingo al mediodía para estirarnos en la playa y darnos un chapuzón. Aparte de comer, beber y no parar de aquí para allá. 








Lanzarote, como siempre, hace que me recargue bien las pilas. Tanto que ayer mismo me fui al gimnasio a pesar de llegar un pco tarde del viaje. Ya tengo ganas que llegue el día de Reyes para otra escapadita...