martes, 27 de enero de 2015

El hombre en el castillo

El hombre en el castillo de Philip K. Dick es una novela ucrónica publicada en 1962. Ambientada en la misma época que se publicó, retrata un mundo en el que la Segunda Guerra Mundial acabó con la victoria de las fuerzas del Eje y donde Estados Unidos ha sido invadido y repartido entre alemanes (costa atlántica) y japoneses (costa pacífica), quedando una zona intermedia autónoma pero situados bajo la influencia de ambos países invasores. Es un mundo en el que los nazis han hecho de las suyas a lo bestia: han desecado el Mar Mediterráneo para cultivo, han exterminado prácticamente a todos los judios y africanos, relegando a los negros a la esclavitud, etc. El libro tiene varias historias argumentales, que no voy a desvelar aquí, en el que aparecen espías, antigüedades, invasores que se cuestionan su papel, libros prohibidos, etc., pero en el que destaca una que, muy en la línea de Dick, proporciona un giro y sorprende en su tramo final.


Desde el mismo momento de su publicación, el libro se convirtió en clásico al ganar el premio Hugo de 1962 y suponer el reconocimiento de Dick en el género. Aunque no fue la primera novela en tratar una alternativa de la Historia como argumento, sí que consolidó el tema de la ucronía y prácticamente lo definió al convertirse en el ejemplo a seguir. La novela tiene múltiples lecturas y relecturas, desde históricas a psicológicas, llegando al culmen con una ucronía dentro de la ucronía. Es una de las novelas más conocidas y famosas de Philip K. Dick convirtiéndose en una especie de objeto de culto desde el mismo momento de su publicación.

¿Y esto a que viene?, diran ustedes. Pues verán. Resulta que Amazon, esa megacorporación que vende de todo, ha decidido lanzarse al mundo audovisual produciendo series. Y lo ha hecho con buen pie pues una de sus primeras producciones, Transparent, ha ganado dos Globos de Oro en el apartado de televisión (a ver si escribo una reseña de ella en breve). Volviendo a lo que nos atañe, Amazon decidió el año pasado adaptar la novela de Philip K. Dick en formato serie. Por el momento, sólo se ha rodado el episodio piloto pero parece que, ante la expectación y la acogida a lo que se ha visto hasta la fecha, pueden plantearse continuar con ella. 



En principio tenemos algunas caras conocidas como Rufus Sewell (Eleventh hour), Alexa Davalos (Mob City), Rupert Evans (Hellboy, The village) y DJ Qualls (Z Nation) como protagonistas y a Ridley Scott y David W. Zucker (The good wife) como productores ejecutivos, mientras que el episodio piloto ha sido escrito por Frank Spotnitz (Expediente X). El episodio piloto, de una hora de duración, se estrenó el pasado 15 de enero en Estados Unidos, Reino Unido y Alemania, por lo que es bastante probable que en breve se pueda acceder a él, de hecho ya está en youtube (en vo y subtítulos en inglés). Mientras, les dejo con un par de videos como aperitivo (aunque existen algunos más).



jueves, 22 de enero de 2015

Propósitos

Empezar un año es la ocasión perfecta para los nuevos propósitos. Esos que nunca cumplimos o que van languideciendo según se acaba el invierno y se aproxima la primavera para luego desaparecer en verano. También es normal que cada vez nos pongamos menos a cumplir porque en la mayoría de las ocasiones nos lo proponemos a la vuelta de las vacaciones, ya sea en septiembre u octubre, para intentarlo durante el año escolar. Es lo mismo. Es como sucede con los filtros en el primer año de cualquier carrera universitaria: empiezas fuerte y llegan primero las navidades, si la superas enseguida están los carnavales (el segundo filtro) y si pasas Semana Santa, el tercero, ya continúas hasta junio. 

Pues con los propósitos pasa lo mismo, te planteas varios y, por lo general, van quedando por el camino. Esos kilos de menos que quieres perder y que se adosan y crecen aún más en Navidades, esos libros que leer y nunca te pones, esos idiomas que deberías aprender y que te conformas con el Google translator y hablar como la china del Moda Xin, y así todo. Por eso debemos ser realistas, cruda y duramente realistas. No vamos a cumplir ninguno de los propósitos porque siempre habrá algo, o alguien que generalmente es uno mismo, que se encarga de torpeadearlo. Entonces ¿para qué continuar? ¿Por qué insistimos? Testarudez, tozudez, morrudez, ganas de probarlo todo, pensar que podemos... se admite cualquier teoría.

Y sí. El que escribe también ha entrado en la tradición y me he propuesto dos propósitos. Pocos ¿verdad? Uno es el de todos los años por lo que lo considero a corto y medio plazo: ser constante en el ejercicio y bajar unos kilitos de sobre peso. Me conformo con que sean cuatro y bajar de los 75, así que la meta no es tan complicada de alcanzar. Ya hablaremos en junio. El otro es un propósito a largo plazo, no tanto por mi falta de ganas o interés sino porque requiere bastante tiempo; he empezado un proyecto de investigación de lo mío, de lo que me gusta, lo que supone ir al archivo en busca de información y eso solo podré hacerlo los lunes por la tarde que es cuando abre el archivo a esas horas que no coincide con mi horario laboral. Así que me veo un par de añitos buenos dejándome las pestañas y dioptrías leyendo papelacos del siglo XVIII mientras escribo alguna que otra cosilla por medio, que me conozco. 

Bueno, en realidad, hay un tercer propósito para este año. Es el mejor de todos, al menos para mí, y el que deseo cumplir al 100%. En apariencia puede resultar bastante difícil porque abarca todo el año y es un objetivo permanente pero espero que no resulte tan complicado: ser feliz y disfrutar de la vida. Espero que también os lo hayáis propuesto porque es lo mejor que podemos hacer.


martes, 20 de enero de 2015

Los Oscar musicales

Como habrán sabido ya a estas alturas, el jueves de la semana pasada se dieron a conocer las nominaciones a los Oscar de este año. El panorama está bastante repartido con dos favoritas en cuanto a número de nominaciones: Birdman y El Gran Hotel Budapest, seguidas por The imitation game (con ocho) y American sniper y Boyhood (con seis cada una). No obstante, me da que los premios estarán muy diversificados y dudo que alguna llegue a superar los cinco premios acumulados, venciendo así por goleada.

Pero ya saben que lo que a mí me interesa mayormente es la vertiente musical. Este año ha sido bastante pobre en cuanto a música para el cine; apenas ha habido destellos de auténtica calidad, de esas que pasarán a la historia y volverás a escuchar constantemente. In my opinion, que dirían en The good wife. Porque, claro, todo esto es fundamentalmente cuestión de gustos aunque, en algunas ocasiones, la mayoría se ponga de acuerdo sobre tal o cual composición. Pero, bueno, yo he venido aquí a hablar de las nominaciones así que empecemos.

The Grand Budapest Hotel es la primera nominación de este año para Alexander Desplat, un compositor francés polivalente que tanto le da a una película pequeña e intimista como Philomena como a una superproducción estilo Godzilla. Lleva unas cuantas nominaciones a cuesta y cero premios por lo que la pregunta del millón es ¿será este su año? Dos nominaciones al mismo tiempo suele ser un handicap, sobre todo porque los votos se suelen dividir y acabas quedando superando por un tercero en discordia. Esta es una composición variopinta donde combina temas musicales de clara inspiración centroeuropea con música cuasifolk, a ratos divertida a ratos grandilocuente pero siempre con un sustrato de ironía.



The imitation game es la segunda nominación de Alexander Desplat. A diferencia de la anterior, se trata de una composición más clásica, llena de melodías donde destaca el tema principal y que es muy del estilo de Desplat y en el que se mueve más cómodo. Hay partes más minimalistas y tranquilas y otras con un aire de frenesí obsesivo que recuerda a Philip Glass. Es la más "clásica" de las dos de Desplat y la que podría llevarse el Oscar, teniendo en cuenta los gustos de Hollywood.



Interstellar supone la décima nominación para Hans Zimmer, que ya lo ganó por El Rey León. Es una música que pretende ir más allá, no intenta ser agradable al oído aunque en muchos momentos lo sea sino que busca imbuir y meter al espectador en la película, en la acción. De ahí la alternancia de momentos narrativos y reiterativos con otros meramente lineales que refleja la soledad y distancia de los protagonistas. Por el intento de avanzar, de arriesgarse y de conseguir lo que se pretende debería llevarse el Oscar, aunque tiene dos competidores duros: The theory of everything y Desplat.



La música compuesta para Mr. Turner es la primera nominación de Gary Yershon. Es una banda sonora bastante austera, muy sobria y un poco árida (por no decir bastante) para escucharla fuera de la película. Como no he visto aún esta película no se hasta qué punto se compenetra y sirve los intereses de la misma; supongo que la nominación debería ser indicativo de que ha hecho un buen trabajo. Me recuerda por momentos a Wender, Glass y algún otro verso suelto en el mundo de la música para el cine. Posibilidades escasas para llevarse el premio, creo que la nominación ya supone suficiente recompensa.



The theory of everything supone también la primera nominación para Jóhann Jóhannsson. Es una composición que cuenta con un bello tema principal y diversos temas que van recorriendo la banda sonora; es una banda sonora amable, melódica y evocadora del pasado. Es el contrapunto de la anterior, fácil de escuchar, vistosa pero no arriesga nada y una vez escuchada no deja una impronta duradera, un tema que se imponga a los demás y permanezca en la memoria. Ganó el Globo de Oro y tiene altas posibilidades de llevarse el Oscar, si Desplat y Zimmer le dejan claro.



La solución el próximo 22 de febrero.

jueves, 15 de enero de 2015

El infierno

Ayer tuve visita al dentista. Todo empezó justo unos días antes de Navidad cuando, en plena cena, se me partió un trozo de muela. Al día siguiente, fui corriendo al dentista para ver qué había pasado y como arreglarlo; al menos, no fue tan grave y no hubo desvitalización ni nada parecido por lo que me dieron hora para mañana; has leído bien, para mañana viernes. La suerte es que hubo un hueco libre y me llamaron el martes para ver si estaba interesado en adelantarlo.

Para mí, acudir a la consulta del dentista es como ir al infierno. Me pone de los nervios y mucho. No es nada que ver con los médicos porque, por ejemplo, me encanta ir al oculista y anda que no me hicieron pruebas hace bastantes años cuando la hernia de hiato, incluyendo dos endoscopias. Creo que es algo irracional, un miedo ilógico y sinsentido a sufrir dolor, a pasarlo mal, a que hurguen dentro de uno sin saber qué están haciendo, lo cual es el colmo para un hipocondríaco neurótico. Así que no era de extrañar que me saltase la migraña de los nervios que me provocó saber que tenía que ir. 

Afortunadamente, hasta ahora mis visitas han sido relativamente pocas (en comparación con bastante gente que conozco) limitándome a las visitas para una revisión o una limpieza; para rebajar la tensión suelo llevarme el ipod y ponerme música tranquila que ayude a distraerme de todo lo que va pasando alrededor. Y, sobre todo sobre todo, a no escuchar los ruidos que generan los instrumentos porque creo que es una de las causas del pánico que me entra. Eso o haber visto hace muchos años La pequeña tienda de los horrores y acordarme contantemente del maldito Steve Martin...



Lo malo es que lo de ayer es sólo el comienzo...