jueves, 16 de abril de 2015

Mancini 2015

De estar vivo, hoy Henry Mancini hubiese cumplido noventa y un años. Noventa y un años de canciones, música y magníficas bandas sonoras de películas aún más magníficas. Es imposible quedarse con una de ellas: Sed de mal, La pantera rosa, Desayuno con diamantes, Charada, Días de vino y rosas, Dos en la carretera, El guateque, El expreso de medianoche... La lista es larga, casi tanto como su música. Así que una canción y un tema para recordarle.



martes, 14 de abril de 2015

Mujeres y la música en el cine (I)

Con que se hayan fijado un poco, se habrán dado cuenta que la enorme mayoría, por no decir casi la totalidad, de las bandas sonoras que suelo poner por aquí son realizadas por hombres. Y es que, desgraciadamente, hasta hace bien poco este era un campo totalmente masculino en el que las mujeres apenas participaban. O las dejaban participar, que esa es otra. Esta situación era producto de la situación musical existente en la primera mitad del siglo XX en la que apenas existían mujeres compositoras, salvo raras excepciones, procedentes del entorno académico. Porque hay que tener en cuenta que los nombres más relevantes de las primeras décadas provenían de ese mundo, sobre todo del europeo. Nombres como Max Steiner, Erich Korngold, Franz Waxman, Miklos Rozsa o Dimitri Tiomkin que emigraron de la Europa de los años 30 hacia Estados Unidos y se convirtieron en los impulsores de la música en y para el cine.

A pesar de todo, existen pioneras que desde la década de 1950 componían para películas. Lo que ocurre es que la mayoría de ellas se han refugiado en el mundo de la televisión, tanto en series de animación como reales, un campo de mayor libertad creativa y de género. Una de las primeras en destacar, por no decir la primera, fue la inglesa Angela Morley. Nacida como Walter Scott, realizó algunos trabajos para la televisión inglesa en los cincuenta y sesenta como Hancock y Hugh and I y pequeñas producciones como La ciudad de oro del capitán Nemo. Pero se haría muy conocida como arreglista de canciones para cantantes tan famosos como Shirley Bassey o Frank Sinatra.


Tras su reasignación de sexo a comienzos de los setenta, se trasladó a los Estados Unidos donde desarrollaría el resto de su carrera. En 1973 fue la primera mujer en ser nominada a los Oscar por su colaboración en El principito, junto con Lerner y Loewe, hazaña que volvería a repetir en 1977 con la nominación compartida con los hermanos Sherman por The slipper and the rose: the story of Cinderella. En la década de los ochenta estuvo diez veces nominada a los Emmy por sus trabajos en series como Dallas, Dinastía, Hotel o Falcon Crest, aunque los ganaría en tres ocasiones por los especiales navideños de Julie Christie. Además, fue colaboradora de John Williams en varias películas como Star Wars o Superman e hizo arreglos para la Boston Pops Orchestra de la que aquel era director titular.



Casi coetánea a Ángela Morley se encuentra Wendy Carlos. Carlos es una compositora bastante conocida por ser una de las primeras intérpretes de música electrónica en usar sintetizadores. Su primer disco, Switched-On Bach, de 1968 supuso el primer intento de sustituir la orquesta por el sintetizador y fue todo un éxito, al que siguió The Well-Tempered Synthesizer (1969) en el que hacía un juego de palabras con la obra de Bach El clave bien temperado, a pesar de contar con obras de otros compositores clásicos como Monteverdi Scarlatti o Haendel. Al igual que Morley, Carlos tuvo una reasignación de sexo a comienzos de los setenta firmando con su nombre original Walter Carlos hasta mediados de esa década.


En lo que nos concierne, Wendy Carlos se introdujo en el mundo del cine a través del director Stanley Kubrick para el que compuso la banda sonora de La naranja mecánica, y con el que repetiría en El resplandor. En ambos casos, se complementaba tanto obra original de Carlos como con composiciones clásicas pasadas por el tamiz electrónico, muy del gusto de Kubrick. Al menos, no le ocurrió lo que a Alex North cuando este comprobó en el estreno de 2001: una odisea del espacio que su música había sido sustituida por obras clásicas. Pero, tal vez, el trabajo más relevante por cuanto supuso un trabajo completamente suyo y por lo impactante en el momento en que se hizo fue Tron, la película de Disney. En ella, creó elementos orquestales con sintetizadores analógicos y digitales y coros aunque alguna parte de su trabajo fue descartado. Dada la propia naturaleza de la película, realizada en gran medida con ordenadores, la elección de Wendy Carlos fue todo un acierto que se tradujo en una banda sonora novedosa y efectiva. En la década del 2000 se remasterizó buena parte de su obra, con especial dedicación a los trabajos en las películas de Kubrick.



Continuará...

domingo, 12 de abril de 2015

OST (CLXVIII)



00:00 = "Prelude / Excalibur"
01:07 = "Lancelot And Elaine"
02:50 = "Lancelot And Arthur / Chivalry"
05:04 = "First Battle"
06:44 = "Defiance / Guinevere / Good Knight / Farewell"
07:55 = "Cortege / Queen's Champion"
08:58 = "Happy Island / Court Life / Court Dance #1 / Court Dance #2"
10:24 = "Hawking / Sacrifice"
11:40 = "Morte D'Arthur / Resignation / To The Death!"
13:07 = "Holy Grail / Finale"

miércoles, 1 de abril de 2015

Cincuenta años de arena y gusanos

La primera vez que me acerqué al mundo de Dune fue en su adaptación cinematográfica, aquella del año 1984 dirigida por David Lynch. Hubo partes que me gustaron bastante, me fascinó la estética y la dirección artística y la música de Toto pero reconozco que salí del cine más bien desconcertado y despistado. Normal teniendo en cuenta los años que tenía entonces, el libro de donde procedía la película y la persona que se hallaba tras los mandos de la dirección, eso sin contar con todos las circunstancias que rodearon al rodaje y su adaptación, de lo cual me enteraría muchísimos años después. Lo malo es que esa sensación fue generalizada y contribuyó aún más a convertirla en una especie de película maldita que con los años se ha convertido en una película de culto, no tanto por lo buena adaptación que es como por el intento fallido en que se convirtió.


Por eso, cuando pocos años después aún sin entrar en la veintena, un amigo me prestó su edición literaria de Dune que era un auténtico tocho, todo hay que decir, lo cogí con algo de resquemor y desconfianza. Él me advirtió que no había podido leerlo entero, que había sido una odisea y que lo tuvo que dejar a medias. Cuando empecé con el libro, le entendí perfectamente. Dune es una obra farragosa, lenta, con pocos diálogos y mucha narración descriptiva; pero lo que te remata son los pensamientos de los personajes en los que divagan sobre su actuación y las de los demás y, sobre todo, los sueños, los momentos en los que Paul Atreides tiene sus sueños sobre el futuro, sobre el devenir tanto personal como el de todos los implicados en la historia. Sueños que, en apariencia, no tienen conexión o desconoces de qué van pero que, al final, entiendes o casi logras entenderlo. Pude acabarlo pero me costó sangre, sudor y lágrimas porque mira que al Herbert le gustaba enrollarse. Y entonces pude comprender perfectamente el porqué es un libro cuya adaptación cinematográfica fue un fiasco y resulta harto complicado plasmar en la pantalla, ya sea en formato cine como en televisión.

Y, sin embargo, Dune es un clásico de la ciencia ficción. Desde el mismo momento de su publicación triunfó y se llevó los principales premios literarios del género, el Hugo de 1966 y el Nébula de 1965. Gracias no sólo a la trama de Paul Atreides en la que se combinan casas cuasifeudales con tecnología espacial, intrigas palaciegas, espías, asesinatos, tramas paralelas y múltiples implicados e intereses sino por el tratamiento de temas entonces novedosos como el mesianismo (con la misión de Paul), la ecología (y la imbricación de los fremen con el planeta por poner un ejemplo), la eugenesia y mejora genética, la religión, la economía y la política, todo ello tan entrelazado que resulta difícil, en muchas ocasiones, separar unos de otros de lo entrelazados que se encuentran.


En realidad, no voy a hablar más de Dune por dos motivos: uno, porque llevaría muchísimas entradas poder hacerlo y desglosarlo de manera coherente y exhaustiva; y dos, porque no soy ningún experto en la materia. Y eso supone un trabajo laborioso y complicado ya que Frank Herbert, el autor, siguió escribiendo varios libros desarrollando la trama del primer libro; inicialmente, parece que la intención era convertirla en una trilogía (entre los sesenta y setenta publicó El mesías de Dune e Hijos de Dune). Pero Herbert no puso sustraerse al éxito de la saga y escribió tres libros más en la década de los ochenta y no siguió con ella porque falleció en 1986. 

¿Pero qué más da que mueras cuando tienes hijos que quieren seguir tus pasos y aprovechar tus éxitos? Pues nada, a ponerse. Su hijo Brian Herbert junto con el escritor Kevin J. Anderson publicó dos trilogías más, Preludio a Dune y Leyendas de Dune, a finales de los noventa y comienzos de este siglo, amén de dos novelas más realizadas con esbozos de Herbert había dejado y que se supone concluyen la saga original. Por no hablar de las que han seguido publicando desde entonces. Vamos, algo similar a lo de Tolkien y su hijo. Por razones obvias, todo esto es exclusivo para los muy fans de la saga, entre los cuales pues no me encuentro, aunque reconozco que Dune es una obra relevante en el género de la ciencia ficción. Que quieren que les diga, me quedo con el original.

¿Y a que viene todo esto dirán? Pues mira, en primer lugar, porque precisamente este año se cumple el cincuenta aniversario de su publicación y creo que es un momento estupendo para recordarlo y, en segundo lugar, que mejor manera de celebrar la llegada del Mesías con otro Mesías que además se ponía ciego de especia melange.


domingo, 29 de marzo de 2015

OST (CLXVI)

No se si se habrán dado cuenta pero, durante este mes de marzo, esta sección ha estado dedicada a los musicales. Aunque no a unos musicales cualquiera, que va. A los musicales escritos por Richard Rodgers y Oscar Hammerstein II, que entre los años cuarenta y cincuenta del pasado siglo dieron lustre y brillo al género y crearon un puñado de clásicos que siguen perdurando aún hoy. Que mejor manera de acabar este pequeño homenaje que dedicar la última entrada al musical que fue su colaboración final (Hammerstein II falleció al año de su estreno en Broadway)  y que este año celebra su cincuenta aniversario del estreno en cine: The sound of music (Sonrisas y lágrimas como se estrenó en España). Un musical lleno de grandes canciones que se han convertido en clásicos en gran medida gracias a la adaptación cinematográfica, tanto que es difícil quedarse con una breve selección de ellos. Así que les he puesto una lista de reproducción completita en lugar de tropecientos videos que colapsen el navegador. Déjense llevar y disfruten!!