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viernes, 5 de abril de 2013

Ensoñaciones

Siempre me he considerado una persona bastante realista, poco dada a fantasear al estilo "cuento de la lechera" y a divagar sobre lo que podría ser, lo que podría haber sido y demás. Vamos, de los que suelen decir que tienen los pies sobre la tierra. Eso no quita para que, siguiendo mi optimismo cotidiano, invierta unos eurillos en los juegos de azar como la Primitiva, la Bonoloto o el Euromillones con la esperanza (vana, ya lo se) de que toquen unos milloncejos cualquier día de estos.

Pero muy muy muy de vez en cuando me dejo llevar por la fantasía, sobre todo cuando quiero dejarme caer en los brazos de Morfeo por la noche. Entonces pienso qué haría si me tocase un porrón de millones en la lotería y ahí empiezo a divagar y soñar hasta el punto que me quedo dormido sin darme cuenta. Y es que ya tengo las cosas perfectamente claras si eso sucediese: empezaría a repartir a todos los que están a mi alrededor. A mis hermanas para que no tuviesen que volver a trabajar en la vida, a mis padres para que disfruten de la vida y viajen/hagan lo que les de la gana, a los colegas para que salden la hipoteca, a los amigos con apuros para que se desahoguen una muy larga temporada y luego repartiría unos cuantos milloncejos por ahí, en algunas ONG que se que hacen mucho en los tiempos que estamos. 

Aunque en el fondo el realismo vuelve a apoderarse de mí y reconozco que sería muy feliz con que me tocase un pellizco con el que tapar un par de agujeros y disfrutar de un viajecito con mi chico. Y si me sirviese para quitarme la losa de la hipoteca estaría genial. Porque ya sabemos que soñar es gratis...


viernes, 15 de enero de 2010

Argumentos (III)

Un joven, príncipe por supuesto, es atacado por un dragón en un bosque y antes de palmarla es salvado in extremis por tres señoras que pasaban por allí (ya, claro, dirá más de un@)(nota: idea para otro grupo de señoras en el caralibro). Ellas se van y aparece un pajarero que se atribuye el mérito, ante lo cual reaparecen las señoras enfadadísimas y le ponen un candado en la boca por mentiroso. Entonces las pobrecillas dicen que vienen de parte de su señora reina que le quiere pedir un favorcillo de nada, y es que resulta que a su hijita del alma la ha secuestrado un desaprensivo y quiere que la rescate a cambio de lo cual se casará con ella. Para mejor proveer le da una flauta mágica (sí, ésta es la pista, jajaja). El joven y el pajarero se van juntos aunque acaban separándose; mientras el primero es interpelado por unos señores muy serios que le advierten sobre la misión que lleva, el segundo se encuentra con la chica, que es acosada por un sirviente del secuestrador. Le echa una mano y cuando parece que van a largarse aparece el secuestrador con el joven príncipe, con flechazo instantáneo entre él y la joven así que todos acaban quedándose (arrf arrf, que embrollo).

Después de un descanso de unos 30 minutos seguimos. Pues resulta que el secuestrador no es tal sino que es el jefe supremo de una orden dedicada al bien mientras que la reina y madre de la joven es mala con sarna. Al príncipe lo someten a tres pruebas con el pajarero para ser admitido en la orden mientras que la joven recibe la visita de su señora madre con la indicación de que se cargue al jefe supremo. Esta no puede hacerlo y se reúne con el principe en la última prueba. Mientras el pajarero recibe la visita de una señora mayor y muy fea que acaba convirtiéndose en su símil femenino. Total, que acaban emparejándose al igual que el príncipe y la joven. ¿Y qué pasa con la reina? Pues que muere, como tiene que ser, que para eso es una ópera con moraleja.

Si has llegado hasta aquí, que sepas que esta es la historia que puedes seguir si algún día vas a ver La flauta mágica, la última ópera de Mozart.


La flauta mágica es todo un clásico dentro de los repertorios de ópera. Es un singspiel, un tipo de ópera alemán donde te encuentras partes habladas con otras cantadas, algo similar a la zarzuela. Pero con ésta se puede decir que llegó a su cima. Se suele apuntar que está llena de referencias masónicas ya que el propio Mozart era masón, al igual que Schikaneder, el empresario que acordó con el compositor hacer la ópera. De hecho, se aprecia no sólo en la historia (la lucha entre la luz y la oscuridad, la ambientación egipcia, los ritos iniciáticos de las pruebas de admisión, etc) sino también en la música. Si quieres saber más, pues ya sabes, aquí y aquí.



La ópera tiene muchos pasajes conocidos, empezando por la obertura.




Entre los pasajes más famosos están las dos arias de la Reina de la Noche. Ésta sólo sale dos veces en toda la ópera (una en cada acto y al final) pero es una robaescenas, cuando sale nadie se queda impasible ante ella. Esta no es la más conocida pero es igual de impactante.




El final del primer acto, en el que se encuentran el príncipe y la joven. Y donde, por fin, conocemos a Sarastro.





La nota cómica de la ópera la pone Papageno, el pajarero, que suele embrollar las situaciones y tiene unas arias divertidas y alegres; en el segundo acto conoce a su pareja y se ponen a planear cuántos hijos van a tener.





Por cierto, de esta ópera se han hecho dos versiones para la pantalla: una en los setenta dirigida por Ingmar Bergman y otra en el 2006 por Kenneth Branagh. Por si os interesa.


Que lo disfruteis. Buen fin de semana.