miércoles, 12 de septiembre de 2012

Momentos en el tiempo

El fin de semana pasado me di un salto a Coruscant, esa capital del Paulinato que he visitado más veces este año que casi en la última década, a devolver una visita que me habían hecho el anterior fin de semana. Para el recuerdo me llevo una cena con amigos de J., días de sol y playa con más amigos y cenar en un guachinche con vino y carne, y los mismos amigos. Y dos momentos de diversión/malicia de esos que se quedan en la memoria para siempre.

El primero sucedió el sábado en la playa. Tumbado boca abajo en la toalla me fui quedando amodorrado oyendo a J. hablar con sus amigos de algunas cosas, entre ellas de un individuo que estaba detrás de J. y uno de sus amigos presentes y que se encontraba un poco más allá. Me quedé frito durante un rato, como diez o quince minutos, y cuando me desperté me dice un amigo de J: "Vinieron a hacerte un escaneado", al tiempo que se sonreía. Mientras iba al agua extrañado a despejarme con J., éste me comentó que el tipo se había acercado a mi lado, me había observado y le había dicho "está durmiendo ¿verdad?" con la cara de sorpresa de todos ellos porque no me conocía de nada aunque a ellos sí. Para más inri, cuando nos volvimos del agua y estábamos comiendo un sandwich el tipo se acercó y se puso a hablar con ellos. Y pensé "¿quieres caldo? pues toma dos tazas". Así que cuando terminamos de comer J. se puso pegado a mí mientras yo le acariciaba la espalda, le comentaba algo al oído o le tocaba la cabecita; en una de estas me dice al oído "mira la cara de B. (uno de sus amigos), está que no sabe para donde mirar y no descojonarse". Y claro tuve que morderme el labio para no descojonarme yo también. Al poco el pobre se fue con un escueto "me voy a dar un baño" mientras J. y los colegas se miraban y se sonreían y me decían: "después de esto ya no vuelve más". Y el cachondeo a partir de entonces fue de órdago.


El segundo ocurrió en el aeropuerto el domingo. Cuando llego a facturar, con suficiente antelación, me comenta la chica que mi vuelo, el último del día, va con retraso y si quiero puedo entrar ya corriendo sobre la marcha a ver si pillaba el anterior. Después del stresss y una despedida apresurada, entro en seguridad y paso la maleta (que pensaba facturar y por las prisas no me dejaron). Viene una señora, no señorita no, señora porque casi podría ser mi madre, y me suelta que abra la maleta. Mientras lo hago pienso en qué diablos habré metido para que me lo pidan y entonces me acuerdo, con razón, que había un gel de masaje y un lubricante en el neceser. Que fueron requisados sobre la marcha mientras cerraba la maleta a todo meter. Eso sí, la pobre tiene que haber visto de todo porque ni un rictus de asombro ni nada, aunque miró y remiró el lubricante sabor de cerezas que me agencié hace unos meses. Al final me fastidiaron sin necesidad porque no pude embarcar y volví a salir de la zona de embarque para esperar el vuelo con J. que se había quedado esperando por si acaso. ¡Mierda! ahora tendré que comprarme otro gel de sabores...


3 comentarios:

rickisimus2 dijo...

Entiendo que el "individuo" no te hacía mucha gracia, porque si no, no hubieras hecho el numerito...

¿Sabor cereza, dices? Hummmmmmmm.

starfighter dijo...

No, ninguna gracia porque además venía en plan cotilla. Cereza, fresa y más sabores, tengo que ir a mirar de nuevo...

Mocho dijo...

Qué poco me gustan los lubris de sabores, al final se mezcla todo y tiene un olor así a váter de tienda de golosinas que me da muy mal rollo