martes, 11 de febrero de 2014

Rutinas

Últimamente no le he dedicado demasiadas líneas a escribir de uno mismo en este blog porque, francamente queridos lectores, tampoco es que haya demasiado que contar. Y digo demasiado siendo extremadamente generoso porque mi vida en esta época es bastante rutinaria, de lo más normalita y sin apenas sobresaltos. 

Si por mi fuera estos meses de invierno seguiría la misma vida que los osos, es decir, plena hibernación. Domitar a pierna suelta durante semanas mientras los días grises se suceden y el frío campa a sus anchas debería ser una opción en estos momentos. En cambio, ahí sigo con mis clases de inglés (que me han dado algunas notas de orgullo y satisfacción ya que, sin ser de matrícula, no están mal para el tiempo que le dedico), con mis viajes de ida y vuelta a Coruscant o, cuando toca, recibir con los brazos abiertos a mi chico y socializar y confraternizar los fines de semana con los amigos. Lo que implica constantes cuchipandas, que si un almuerzo por aquí, que si un picnic campestre por allá, y que no están ayudando en absoluto a conseguir mis objetivos para la Operación Bikini 2014.

Por no hablar de cuando ataca esa inmisericorde hija de la gran chingada que es la migraña, como ocurrió este fin de semana pasado. Al menos no tuve que recurrir a ir a Urgencias aunque después de dos días mi cuerpo tenía tanta química como la que creaban Walter y Jesse en Breaking Bad. Mientras tanto, sólo me quedan unos días para volver a hacerme un nuevo escáner, esta vez con contraste, para mantener controlado aquel quiste aracnoideo que me hallaron en el anterior.

Eso si, tengo un par de proyectos de colaboración en marcha que espero poder contar pronto por aquí. Pero eso será más adelante. Ahora una poca de música...