viernes, 20 de enero de 2012

Destripando...El Topo


El Topo, cuyo título original es Tinker Tailor Soldier Spy (Calderero, Sastre, Soldado, Espía), está basada en una novela del gran John Le Carré. Ambientada a comienzos de los años 70, nos narra como, después del fiasco de una operación en Hungría, se desmantela parte de la cúpula de los servicios secretos ingleses. Uno de los defenestrados es el agente George Smiley, al cual se le encarga poco después una misión: descubrir a un supuesto topo en la cúpula del espionaje que está trabajando para los soviéticos. Desde fuera y con poca ayuda, Smiley irá descubriendo poco a poco las piezas que irán encajando hasta descubrir la verdad.

El Topo es una película de espías pero no al uso clásico que estamos acostumbrados. Nada de persecuciones, tiroteos, situaciones al límite, gadgets inverosímiles, etc; aquí lo importante son los personajes, las relaciones entre ellos, las miradas, los silencios, lo que oculta cada uno. Porque cuando trabajas para los servicios secretos, nadie está libre de sospecha.

Sí, es él, la némesis de Moriarty

Indudablemente lo mejor de la película son las actuaciones, en especial la de Gary Oldman como Smiley. Un agente cansado, que apenas se inmuta porque ya lo ha visto todo en el mundillo del espionaje y al que la misión le va a enfrentar con sus antiguos compañeros y con su propio pasado. Y junto a él todo un top de estupendos actores: Colin Firth, John Hurt, Benedict Cumberbatch, Tom Hardy... que cumplen de manera más que sobrada con sus papeles, jugando a espías que no lo parecen y de los que siempre estamos dudando.

La película me ha sorprendido por la frialdad que desprende, con una atmósfera en muchas ocasiones opresiva a la que ayuda no solo las interpretaciones de los actores con esa frialdad emocional y casi aséptica en la investigación (al menos en la superficie, otra cosa es cuando escarbamos un poco) sobre todo por parte de Smiley. Sino también por la estupenda fotografía, a menudo desarrollada en espacios cerrados, casi sin iluminación, en una Inglaterra invernal, deprimente casi, y que contribuye a esa sensación de tristeza, de soledad que rodea a los personajes (la casa de Smiley, la ruptura del personaje de Cumberbatch).


No he leído la novela original pero el director, Tomas Alfredson (el mismo de Déjame entrar, la sueca), ha conseguido ir montando las piezas que conforman el puzzle de la historia de una manera impresionante. Y es que hay que estar muy atentos a todo lo que se narra porque, como casi siempre, la verdad está en los pequeños matices, en los detalles casi imperceptibles. Hay muchas subtramas que parten o se cruzan con la principal, y constantes flashbacks en la historia pero creo que Alfredson ha conseguido que no perdamos ni el interés ni el hilo que conduce hasta el final. Eso sí, seguramente con una segunda visualización podamos darnos cuentas de matices que se nos escapan.

Por último, la banda sonora, compuesta por Alberto Iglesias, con una música melancólica, suave, y en ocasiones hasta fría, muy ajustada a las imagen de la película. Le dedica un tema a Smiley que lo resume todo. Un score recomendable. Al igual que la película, así que ya saben.




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