jueves, 7 de agosto de 2014

Destripando... Sleepy Hollow

Hace quince años, Tim Burton estrenó Sleepy Hollow, una versión bastante libre del relato homónimo de Washington Irving. Basándose en aquel, Burton introducía una serie de cambios como elementos mágicos y dándole un toque gótico con su dosis de venganza y asesinatos que ayudó a crear una atmósfera tenebrosa.


El año pasado, la Fox estrenaba una nueva adaptación del mismo relato Sleepy Hollow en formato serie compuesto por trece episodios. Aunque basada en el relato de Irving, del que toma el nombre y los protagonistas principales (Ichabod Crane y el Jinete sin Cabeza), lo cierto es que la serie se basa más en la adaptación burtoniana, de la que absorbe toda la parte sobrenatural, la ambientación gótica, la naturaleza y hasta, en parte, la ambientación histórica.


La serie comienza cuando Ichabod Crane muere en la Guerra de Independencia americana luchando contra un soldado alemán al que decapita. Se despierta en la época moderna en Sleepy Hollow al tiempo que el Jinete sin Cabeza, el cual es convocado por alguien desconocido, ya que el destino de ambos está estrechamente unido. Crane conoce a la teniente Abbie Mills que empieza a investigar las muertes que va dejando el Jinete y, tras unos comienzos titubeantes, se une a ella para luchar contra el mal.

Porque la serie, en realidad, va de eso, de la lucha entre el bien y el mal. Los guionistas han tomado elementos históricos (la Guerra de Independencia de Estados Unidos, personajes relevantes como George Washington), elementos sobrenaturales (brujas, hechiceros, demonios, artefactos mágicos), religión, unas gotitas de ambientación gótica, mucho bosque tenebroso y algo de romanticismo para meterlo en la termomix y sacar un procedimental serielizado en el que la base de la trama es impedir que se desencadene el Apocalipsis, ya que el Jinete sin Cabeza es uno de los cuatro jinetes. Lo bueno es que la serie abraza toda esta aparente locura y se compromete de lleno con ella, tomándose a sí misma poco en serio y con la única pretensión de entretener.


A pesar de lo que pueda parecer, la serie es bastante entretenida, desde mi punto de vista, y siempre que hagas un ejercicio de suspensión de incredulidad, como hacemos con otras muchas series. Hay una estupenda química entre los protagonistas, Ichabod Crane y la teniente Abbie Mills, cuya relación pasa de la necesidad y el escepticismo a la lucha conjunta y el apoyo mutuo. Otro aspecto que me ha gustado es la apariencia formal que le han dado; muchas escenas, sobre todo los flashbacks del pasado, parecen sacadas de un sueño a lo que contribuye el uso de colores fríos y la distorsión en las imágenes. Además, toda la temporada está condensada en sólo trece episodios, lo que permite ir más directo al grano y que no haya tanto episodio de relleno; es verdad que alguno pueda parecerlo pero todo lo que acontece, por pequeño que sea, tiene su porqué en la historia. Y eso lo podemos vislumbrar en el estupendo episodio final donde todo se relaciona y queda entrelazado dejándonos con un cliffhanger de los que te enganchan con ganas de más. 

En conclusión, es una serie bastante entretenida que sólo tiene esa pretensión; no busquemos drama ni reflexiones sesudas. Dosis de suspense y terror suave (no olvidemos que estamos en una serie de una cadena generalista), adobado con misterios y elementos sobrenaturales. Lo ideal para relajarse en verano y disfrutarla sin agobios.