miércoles, 3 de junio de 2009

Lecturas para momentos de stress

Al acabar hace más de una semana Recuerdos del futuro, de Robert Sawyer, cogí otro libro de la misma colección, Regreso a Belzagor, de Robert Silverberg, uno de los autores clásicos de la ciencia ficción. Y me lo he bailado en menos de otra semana.

¿De que va?Pues Gundersen, un antiguo administrador del Planeta de Holman, conocido ahora como Belzagor, que regresa después de que los humanos hayan abandonado el planeta siguiendo una política de descolonización al encontrar especies inteligentes. Vuelve para realizar un viaje iniciático con el que expiar los pecados que cometió en los años que estuvo en la antigua colonia. Y descubre misterios que apenas sospechaba y que atañe a las especies que controlan el planeta. El libro es altamente recomendable; muy asequible para cualquiera que no sea un aficionado a la ciencia ficción y se lee fácilmente. Ello no quita para que lleve hasta el final todo lo relacionado con el sentimiento de culpa, de conseguir el perdón por todo lo que hizo el protagonista. Me ha gustado más que el de Sawyer, la trama está mejor construida y Silverberg va contando lo justo para que te quedes con el gusanillo por saber más.

Al acabarlo, el fin de semana me puse a husmear en mi biblioteca y me encontré con un libro que parecía me estaba llamando. Se me apetecía cambiar de registro así que cogí el de Historias de piratas y del agua azul de Conan Doyle, de la editorial Valdemar. Y ahí estoy, con las maldades del capitán pirata Sharkey, barcos en el Caribe, navegando a toda vela.




Conan Doyle es archiconocido por los relatos del detective Sherlock Holmes pero, en realidad, es un autor que tiene una obra muy variada. Hace ya unos cuantos años me leí La compañía blanca, una de sus mejores novelas, ambientada en la Guerra de los Cien Años y que discurre entre Inglaterra, Francia y España; y que cuenta con una especie de continuación, Sir Nigel. Me gustó mucho porque es bastante detallista pero entretenida, y me recuerda a las películas de aventuras. de la década de los treinta y cuarenta Además, tiene libros que podrían considerarse como ciencia ficción: El mundo perdido, The poison belt o When the world screamed. Todo un placer para leer. Así que ya sabeis, a animarse.

Esto me lleva a recordar que El mundo perdido contó con una versión en vida de Conan Doyle, con unos impresionantes efectos especiales para la época (1925) de Willis O'Brien, el mismo que haría los efectos de King Kong casi diez años después. Y como no tengo música de El mundo perdido, pues toca de King Kong, compuesta por el increíble Max Steiner.



Y no me pregunten cómo he llegado hasta aquí, cuando empecé el post comentando libros.

7 comentarios:

Shanks dijo...

Como sigas leyendo tanto se te va a secar la médula!! ;)
Pues sabes? al hablar del mundo perdido me has hecho recordar uno de mis libros (y pelis: la de S.Granger, claro) preferidos...
Las minas del rey Salomón, con su Quatermain (se escribe así?) y todo...
Intentaré seguir tus recomendaciones!

Casta dijo...

Tengo que hacer acopio de libros ahora que empiezan las vacaciones.

Sufur dijo...

Al llegar el veranito siempre se me incrementan las ganas de leer ciencia-ficción. Me apunto el título de la novela de Silverberg, autor que depara agradables sorpresas de cuando en cuando. ¡Gracias!

starfighter dijo...

Shanks, las minas del rey salomón es una gran peli de aventuras. Y no te preocupes por la médula, si no he secado a estas alturas, jajaja.

Casta, ahí estamos también, acaparando.

Sufur, Silverberg puede dar sorpresas (buenas y malas) y este libro es de las buenas, para mí. Que aproveche ;)

Van Hessa dijo...

Cuando acabe con Los Tres Mosqueteros me pongo con el de Robert J. Sawyer!! Quiero leermelo antes de que empiece la serie.

Sota dijo...

Cualquier cosa editada por Valdemar merece mucho la pena. Lástima que sean TAN careros, rediós...

starfighter dijo...

Van Hessa, no está mal pero no se como van a sacar una serie de ahí. Supongo que estirarán y estirarán la historia.

Sota, Valdemar está genial, buenos libros, bien editados y, sí, un pelín salados.