viernes, 5 de agosto de 2011

Cartas colombinas (y III)

Después del trajín automovilístico del sábado, el domingo decidimos ir al Parque Nacional del Garajonay y hacer una ruta sencillita que me habían recomendado. No voy a hablar del parque pero si quieres más información pues aquí y aquí te ayudan un poco.

Buena parte del turismo que acaba en la Gomera lo hace para practicar senderismo. Y es que la isla cuenta con una buena red de senderos, no sólo por la zona del Parque Nacional sino que se sale de sus límites y recorren gran parte de la isla. No era extraño encontrarte con turistas con sus mochilas y bastones en el borde de la carretera descansando. Los caminos están muy bien señalizados, con paneles que te informan de la distancia, dificultad, pendiente, etc.

La ruta que hicimos iba desde una pista forestal, cerca del Aula de la Naturaleza hasta la ermita de Lourdes, apenas un kilómetro de distancia que recorrimos en poco tiempo.




Desde la ermita salían dos o tres caminos y vimos uno que iba hasta el Caserío del Cedro siguiendo el barranco, y como tampoco era excesivamente largo pues allá que nos fuimos en plan paseo. Aquí van unas fotillas del recorrido y un video que ni el Spielberg oigan.






video

Este paseo dominical por los senderos me gustó mucho; de hecho, le comenté a T. que si veníamos una segunda vez sería en marzo o abril, cuando estuviese todo más húmedo (y con niebla a ser posible) para hacer senderismo. Merece mucho la pena.


4 comentarios:

Sufur dijo...

¡Garajonay es mágico! Cuando estuve yo había una bruma y se filtraba una luz verde entre las ramas que me parecía estar en el mismísimo bosque de Fangorn... Casi esperaba encontrarme a Bárbol andando lenta, lentamente...

:-)

starfighter dijo...

Eso es lo que quiero, ir en invierno con los alisios y que haya bruma y niebla y lluvia. Aún así, estuvo genial, me encantó muy mucho.

Eleuterio dijo...

Bonita crònica. Uno no se plantea ir a La Gomera y veo que puede ser muy interesante.
Saludos madrileños.

starfighter dijo...

Y que lo digas, Eleuterio. Vivo casi al lado y he tardado cuarenta años en ir.